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Mare Nostrum

palabras anteUlises, lo mismo que una nube tempestuosa estalla
en truenos.
A la vuelta de un viaje al mar Negro, doña Cristina anunció á
su hijo:
—Tu tío ha muerto.
La piadosa señora lamentaba cristianamente la desaparición de
su cuñado,dedicándole una parte de sus rezos, pero insistió con
cierta crueldad enel relato de su triste fin. No podía perdonarle
su fatal intervención enel destino de Ulises. Había muerto como
había vivido, en el mar, víctimade su temeridad, sin confesión,
lo mismo que un pagano.
Otra herencia que caía sobre Ferragut... Su tío se había lanzado
á nadaren una mañana asoleada de invierno, y no había vuelto.
Los viejos de lacosta explicaban á su modo el accidente: un
desmayo, un choque con lasrocas. El Dotor era aún vigoroso,
pero los años no pasan sin dejarhuella. Algunos creían en una
lucha con un «cabeza de olla» ú otro pezcarnívoro de los que
cazan en las aguas mediterráneas. En vano lospescadores
llevaron sus barcas por todas las angulosidades entrantes
ysalientes del promontorio, explorando las cuevas sombrías y
los bajosfondos de cristalina transparencia. Nadie pudo
encontrar el cadáver delTritón.
Ferragut recordó el cortejo de Afrodita que el médico le había
descritotantas veces en las noches estivales, viendo á lo lejos las
luces de losfaros. Tal vez había tropezado con la alegre comitiva
de las nereidas,uniéndose á ella para siempre.
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