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Mare Nostrum

El notario, que en su juventud había leído á Wálter Scott,
experimentabala dulce impresión del que vuelve á su país de
origen al ver las paredesque rodean el templo, viejas y con
almenas. La Edad Media era el períodoen que habría querido
vivir. Y el buen don Esteban, pequeño, rechoncho ymiope,
sentía en su interior un alma de héroe nacido demasiado tarde
alpisar las seculares losas del templo de los Hospitalarios. Las
otrasiglesias enormes y ricas le parecían monumentos de
insípida vulgaridad,con sus fulguraciones de oro, sus
escarolados de alabastro y suscolumnas de jaspe. Esta la habían
levantado los caballeros de San Juan,que, unidos á los del
Temple, ayudaron al rey don Jaime en la conquistade Valencia.
Al atravesar un pasillo cubierto, desde la calle al patio
interior,saludaba á la Virgen de la Reconquista traída por los
freires de labelicosa Orden: imagen de piedra tosca, con colores
y oros imprecisos,sentada en un sitial románico. Unos naranjos
agrios destacaban su verderamazón sobre los muros de la
iglesia, ennegrecida sillería perforadapor largos ventanales
cegados con tapia. De los estribos salientes de surefuerzo
surgían, en lo más alto, monstruosos endriagos de
piedra,carcomida.
En su nave única quedaba muy poco de este exterior
romántico. El gustobarroco del siglo XVII había ocultado la
bóveda ojival bajo otra demedio punto, cubriendo además las
paredes con un revoque de yeso. Perosobrevivían á la
despiadada restauración los retablos medioevales, losblasones
nobiliarios, los sepulcros de los caballeros de San Juan
coninscripciones góticas, y esto bastaba para mantener despierto
elentusiasmo del notario.
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