Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Mare Nostrum

—Es capaz de aplastar una pulga sobre el brazo—decían los
marinerosde su pueblo para ponderar la dureza de sus bíceps.
Su cuerpo carecía de grasa. Bajo la morena piel sólo se
marcaban rígidostendones y salientes músculos; un tejido
hercúleo del que había sidoeliminado todo elemento incapaz de
desarrollar fuerza. Labarta leencontraba una gran semejanza con
las divinidades marinas. Era Neptunoantes de que le blanquease
la cabeza; Poseidón tal como le habían vistolos primeros poetas
de Grecia, con el cabello negro y rizoso, lasfacciones curtidas
por el aire salino, la barba anillada, con dosrematas en espiral
que parecían formados por el goteo del agua del mar.La nariz
algo aplastada por un golpe recibido en su juventud, y los
ojospequeños, oblicuos y tenaces, daban á su rostro una
expresión deferocidad asiática. Pero este gesto se esfumaba al
sonreír su bocadejando visibles los dientes unidos y
deslumbrantes, unos dientes dehombre de mar, habituado á
alimentarse con salazón.
Caminaba los primeros días por las calles desorientado y
vacilante.Temía á los carruajes; le molestaba el roce de los
transeúntes en lasaceras. Se quejaba del movimiento de una
capital de provincia,encontrándolo insufrible, él, que había
visitado los puertos másimportantes de los dos hemisferios. Al
fin emprendía instintivamente elcamino del puerto en busca del
mar, su eterno amigo, el primero que lesaludaba todas las
mañanas al abrir la puerta de su casa allá en laMarina.
En estas excursiones le acompañaba muchas veces su sobrino.
Elmovimiento de los muelles tenía para él cierta música
evocadora de sujuventud, cuando navegaba como médico de
trasatlántico; chirridos degrúas, rodar de carros, melopeas sordas
de los cargadores.
Remove