Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Primitivo articuló no sé qué de una pata coja, de un tumor frío....
—¿Y no hay más borricos en el país?, ¿eh? A mí no me vengas con eso. Tesobraba tiempo
para buscar diez pollinas.
Volvióse hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia,preguntóle:
—¿Tienes miedo, chica? Tú no estarás acostumbrada a montar. ¿Has andadoalguna vez en
esta casta de aparejos? ¿Sabes tenerte en ellos?
Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sinsoltar de la otra el saquillo
de viaje. Al cabo murmuró:
—Lo que es tenerme, sé.... El año pasado, cuando estuve de baños, montéen mil aparejos
nunca vistos.... Sólo que ahora....
Soltó el traje de repente, llegóse a su marido, y le pasó un brazoalrededor del cuello,
escondiendo la cara en su pechera como la primeravez que había tenido que abrazarle; y allí, en
una especie de murmullo osecreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida. Pintóse en el
rostrodel marqués la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegría inmensa,radiante, el júbilo
orgulloso, la exaltación de una victoria. Yapretando contra sí a su mujer, con amorosa
protección, exclamó agritos:
—O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque latenga el mismo Dios del
cielo y no la quiera prestar, aquí vendrá parati, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un
minuto nada más....O mejor dicho, entra en la posada y siéntate.... A ver, un banco, unasilla para
la señorita.... Espera, Nuchiña, vengo volando. Primitivo,acompáñame tú. Abrígate, Nucha.
Volando no, pero sí al cabo de media hora, volvió sin aliento. Traía delronzal una oronda
borriquilla, bien arreada, dócil y segura: la propiahacanea de la mujer del juez de Cebre. Don
Pedro tomó en brazos a suesposa y la sentó en la albarda, arreglándole la ropa con esmero.
Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito,preguntó don Pedro, sin
mirar cara a cara a Julián:
—¿Y... ésa? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos.
Como Julián arrugase el entrecejo, añadió:
—Está, está.... Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted nohabía encontrado modo
de sacudírsela de encima.
—Señorito, la verdad...—articuló Julián bastante disgustado—. Yo no séqué decir.... Ha sido
una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo mejuró y perjuró que la muchacha se iba a casar
con el gaitero de Naya....
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.