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Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando donPedro celebró con
Julián una conferencia, conviniendo ambos en lourgente de que el capellán se adelantase a salir a
los Pazos paraadoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera,mientras no
iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, yentonces el señorito mostró
remordimientos o escrúpulos de habérselaencomendado.
—Mire usted—advirtió—que allí se necesitan muchas agallas.... Primitivoes hombre de malos
hígados, capaz de darle a usted cien vueltas....
—Dios delante. Matar no me matará.
—No lo diga usted dos veces—insistió el señor de Ulloa, impulsado porvoces de su
conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras yapremiantes—. Ya le avisé a usted en
otra ocasión de cómo es Primitivo:capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que
vaya a cometerbarbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento,cuando le
ciega el deseo de la venganza.... Con todo....
No era ésta la única vez que don Pedro manifestaba sagacidad en elconocimiento de caracteres
y personas, don esterilizado por la falta denociones de cultura moral y delicadeza, de ésas que
hoy exige lasociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupaen ella lugar
preeminente.
Prosiguió el señorito:
—Primitivo no es un bárbaro.... Pero es un bribón redomado y taimadísimo,que no se para en
barras con tal de lograr sus fines.... ¡Demontres!Harto estoy de saberlo.... El día que nos
vinimos... si él pudiesedetenernos soplándonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por
supellejo de usted ni por el mío.
Estremecióse Julián, y se le borraron las rosadas tintas de los pómulos.No era de madera de
héroes, lo cual le salía a la cara. A don Pedro ledivertía infinito el miedo del capellán. En la
índole de don Pedro habíaun fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera.
—Apostemos—exclamó riéndose—que la cruz aquélla del camino va usted apasarla rezando.
—No digo que no—contestó Julián repuesto ya—; mas no por eso me niego air. Es mi deber;
de suerte que no hago nada de extraordinario encumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan
fiero el león como lopintan.
—No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos.
Calló Julián. Al cabo exclamó:
 
 

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