Toni siguió moviendo la cabeza negativamente. El rudo
payés, elcontrabandista burlador de las leyes, parecía
estupefacto por lanoticia.
—De todos modos, haces mal. Debes salir de tus apuros
como puedas, perode otra manera... Los amigos te
ayudaremos. ¿Casarte tú con unachueta?...
Se despidió de él con un vigoroso apretón de manos,
como si le viesemarchar hacia un peligro de muerte.
—Haces mal... piénsalo—dijo con tono de reproche—.
¡Haces mal, Jaime!
Cuando Jaime se metió en su cama, tres horas después de
la media noche,creyó ver en la obscuridad del dormitorio
los rostros del capitán Vallsy de Toni Clapés.
Parecían hablarle, lo mismo que en la tarde anterior. «Me
opongo»,repetía el marino con risa irónica. «No hagas
eso», aconsejaba elcontrabandista con gesto grave...
Había pasado la noche en el Casino, silencioso y
malhumorado bajo laobsesión de estas protestas. ¿Qué
tenía su proyecto de extraño y absurdopara que lo repeliese
aquel chueta, a pesar de constituir un honorpara su familia,
y aquel payés rudo y falto de escrúpulos, que vivíacasi
fuera de la ley?...


