Read The Great
Gatsby
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A los dos años de su boda, Kotelnikov murió del tifus. Momentos antes demorir
hizo llamar al sacerdote. El cual, al ver a su mujer, acarició suespesa barba y lanzó un
profundo suspiro. El también sentía ciertaadmiración por Kotelnikov, con motivo de
su originalidad. Cuando seinclinó sobre el moribundo, éste, haciendo acopio de todas
sus fuerzas,exclamó:
—¡Aborrezco a ese diablo negro!
Sin embargo, un minuto después, como se acordase de su excelencia, delsubsidio
que le habían dado, de su subjefe, de Nastenka, y viese a sumujer llorar, añadió, con
voz dulce:
—Me encantan las negras... Hay en ellas algo exótico.
Procuró iluminar su rostro con una sonrisa feliz, y con la sonrisa enlos labios se fue
al otro mundo.
La tierra le acogió indiferente, sin preguntarle si le gustaban o no legustaban las
negras, y mezcló sus huesos con los de otros muertos. Peroen los círculos burocráticos
se habló todavía mucho tiempo de aquelhombre original, a quien volvían loco las
negras y que encontraba enellas algo exótico.
¡NO HAY PERDÓN!
Una estudianta. Muy joven, casi una niña. La nariz fina, linda, noformada aún
completamente, como la de los niños, un poco arremangada;los labios también son
infantiles, y parece que exhalan olor a bombonesde chocolate. Los cabellos son tan
abundantes y sedosos, cubren sucabeza de una manera tan graciosa, que al mirarlos se
piensa sin quereren mil cosas amables: en el cielo azul sin nubes, en las
cancionesprimaverales de los pajarillos, en el florecer de las lilas. Se piensatambién,
al admirar esta bella cabeza de muchacha, en los manzanosflorecientes, bajo los que
se busca sombra en un medio día de verano, yque dejan caer sobre el sombrero, sobre
los hombros y sobre los brazospétalos delicados color de nieve y rosa.
Los ojos eran también juveniles, claros, tranquilos e ingenuos; peroexaminándola
de cerca se podían advertir en su rostro sombras ligeras decansancio, indicios de
alimentación insuficiente, de noches de insomnio,de largas veladas en cuartos
pequeños y llenos de humo, donde se pasanlas horas en discusiones interminables. Se
pensaba también que susmejillas habían conocido las lágrimas; lágrimas dolorosas y
amargas.Había algo de nervioso y de inquietante en sus movimientos: el rostroera
alegre y sonreía; pero el piececito, calzado con un chanclodeteriorado y sucio de
 
 

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