(Coge por un hombro al sabino que se ha equivocado y empieza aenseñarle.)
MARCIO.—Para saber dónde está la derecha, volved la cara al Norte... Ono, la cara
al Sur y la espalda al Este. ¡Así no! ¡Lo hacéisprecisamente al revés! ¡Qué fastidio!
Seguid a vuestros vecinos...Ahora, señores, si alguno de vosotros lleva cortaplumas,
que lo tire.Los mondadientes también. Nada que pueda suscitar ideas de
violencia.¡Ningún arma contundente ni cortante! Nuestra arma es el derecho y
laconciencia pura. Ahora, que cada uno tome un volumen de leyes y otro deestudios
jurídicos. ¡Así! ¡Las trompetas al frente! Tocad la marcha delos maridos despojados.
¡Adelante! Pero no olvidéis cómo hay queavanzar. ¿Lo habéis olvidado?
(Los sabinos no responden.)
MARCIO.—Bueno, os lo recordaré: dos pasos al frente y un paso atrás.Dos pasos al
frente y un paso atrás. Con los dos primeros pasosexpresamos nuestra firme voluntad,
el ardor arrebatado de nuestrasalmas, el deseo irresistible de dar cima a nuestra
empresa; mientras queel paso atrás manifiesta nuestra sensatez y nuestra prudencia.
Al darlo,damos, por decirlo así, prueba de nuestra lealtad, de nuestro propósitode
obrar con moderación. La historia, señores, no conoce saltos. Y nohay que olvidar que
en este momento la historia, esa justicieraimplacable, está personificada en nosotros.
Tocad la marcha.
(Las trompetas empiezan a tocar, ora en tono mayor y solemne, oralanzando
quejas y gemidos. Los sabinos avanzan del modo indicado porMarcio: dos pasos al
frente, un paso atrás. De esta suerte atraviesanlentamente la escena y desaparecen
entre bastidores. Se sigue oyendolargo rato los acordes de la marcha lúgubre.)
La escena del primer cuadro. El aspecto es ya menos inculto. Anteuna de las chozas
hállase, en pie, el romano Escipión en unapostura perezosa. Sale de entre
bastidores el ejército sabino, queavanza gravemente, dos pasos al frente, un paso
atrás. Al advertirsu presencia, el romano se anima un poco y los mira con
curiosidad;pero la monotonía de su marcha le cansa; empieza a bostezar,
sedespereza y se sienta, flemático, en una piedra.
A una señal de Anco Marcio, las trompetas cesan de tocar.
MARCIO. (Gritando con desesperación.)—¡Alto, señores sabinos! ¿Osdetenéis o
no?
(Se detienen bruscamente.)
