por eso perdiesen[48] la expresión dura y sombría. Asunciónpermaneció sentada, con la cabeza baja y ocultando el rostro entre lasmanos.
En el grupo de Lolita hubo acalorada deliberación. Las amigas seesforzaban en
convencerla para que otorgase su perdón a la culpable.Lolita se negaba a ello con una
mímica (lo único que yo percibía) altivay violenta. Luisa no cesaba de ir y venir
consolando a su triste amiga yprocurando calmar a la otra.
El sol se había retirado ya del paseo, aunque anduviese todavía por lasramas de los
árboles y las fachadas de las casas. La estatua de Apolo,que corona la fuente del
centro, recibía su postrera caricia; loslejanos palacios del paseo de Recoletos
resplandecían en aquel instantecomo si fuesen de plata. El salón estaba ya lleno de
gente.
Después de discutir con violencia y de rechazar enérgicamente lasproposiciones
conciliadoras, Lolita se encerró en un silencio sombrío.Al ver esta muestra de
debilidad, las amigas apretaron el asedio,enviando cada cual[49] un argumento más o menos poderoso; sobre todoLuisa, era incansable en formar silogismos, que alternaba
sin cesar consúplicas ardientes.
Al fin Lolita volvió lentamente la cabeza hacia Asunción. La pobre niñaseguía en la
misma postura, abatida, ocultando siempre el rostro con lasmanos. Al verla, debió
pasar un soplo de enternecimiento[50] por elcorazón de la irritada hermana; destacose del grupo, y viniendo haciaella, la echó los brazos al cuello diciendo:
—No llores, Chonchita, no llores.
Pero al pronunciar estas palabras lloraba también. La cabecita rubia yla morena
estuvieron un instante confundidas. Rodeáronlas las amigas, yni una sola dejó de
—¡Vamos, niñas, que nos están mirando!—dijo Luisa.—Enjugad laslágrimas y
vamos a pasear.
Y en efecto, llevándose el pañuelo a los ojos, ella la primera, conrostro sereno y
risueño se mezclaron agrupadas entre la muchedumbre; ylas perdí muy pronto de
vista.
Notes for "La confesion de un crimen":
1. [27] Salón del Prado, "the Prado, properly speaking, is a verybroad avenue not very long, flanked by minor avenues, which extends tothe east of the city, at one side of
the famous garden of the BuenRetiro, and is shut in at the two extremities by two
enormous stonefountains, the one surmounted by a colossal Cybele, seated upon a
shell,and drawn by water-horses; the other by a Neptune of equal size; both ofthem
crowned with copious jets of water, which cross and gracefully fallagain with a







