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Los Pazos de Ulloa

asemejaba a lagigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la Coca. Amanera de
pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criaturarecostada en el magno seno que la
nutría. Estaba dormida, y tenía lacalma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sueño
de losniños. Julián no se cansaba de mirarla así.
—¡Santita de Dios!—murmuró apoyando los labios muy quedamente en lagorra, por no
atreverse a la frente.
—Cójala usted, Julián.... Ya verá lo que pesa. Ama, déle la niña....
No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró queparecía hecha de
plomo. Aguardaba el ama en pie, y él se había sentadocon la chiquilla en brazos.
—Déjemela un poquito...—suplicó—. Ahora, mientras duerme.... Nodespertará de seguro en
mucho tiempo.
—Ya la llamaré cuando haga falta. Ama, váyase.
La conversación giró sobre un tema muy socorrido y muy del gusto deNucha: las gracias de la
pequeña.... Tenía muchísimas, sí señor, y el quelo dudase sería un gran majadero. Por ejemplo:
abría los ojos contravesura incomparable; estornudaba con redomada picardía; apretaba consu
manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requería el vigor deun Hércules para desasirse; y
aún hacía otros donaires, mejores paracallados que para archivados por la crónica. Al referirlos,
el rostroexangüe de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilató suslabios dos o tres
veces. Mas de pronto se nubló su cara, hasta el puntode que entre las pestañas le bailaron
lágrimas, a las cuales no diosalida.
—No me han dejado criarla, Julián.... Manías del señor de Juncal, queaplica la higiene a todo,
y vuelta con la higiene, y dale con lahigiene.... Me parece a mí que no iba a morirme por
intentarlo dos meses,dos meses nada más. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y
notuviese que pasar un siglo clavada en este sofá, con el cuerpo sujeto yla imaginación loca y
suelta por esos mundos de Dios.... Porque así, nogozo descanso: siempre se me figura que el ama
me ahoga la niña, o me ladeja caer. Ahora estoy contenta, teniéndola aquí cerquita.
Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió:
—¿No le encuentra usted parecido...?
—¿Con usted?
—¡Con su padre!... Es todito él en el corte de la frente....
No manifestó el capellán su opinión. Mudó de asunto y continuó aquel díay los siguientes
cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. Enla lenta convalecencia y total soledad de
Nucha, falta le hacía quealguien se consagrase a tan piadoso oficio. Máximo Juncal venía un
díasí y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensaclientela: le llamaban
hasta de Vilamorta. El médico hablaba de políticaexhalando un aliento de vaho de ron, tratando
de pinchar y amoscar aJulián; y, en realidad, si Julián fuese capaz de amostazarse, habría dequé
con las noticias que traía Máximo. Todo eran iglesias derribadas,escándalos antirreligiosos,
capillitas protestantes establecidas aquí oacullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de
lo otro....Julián se limitaba a deplorar tamaños excesos, y a desear que las cosasse arreglasen, lo
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