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Los Pazos de Ulloa

sorprendente rigormatemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era
urgenteganarlos por otro; apenas concibió tan luminosa idea, sintió que laspiernas le bailaban, y
echó a correr con toda la velocidad posible enbusca de su abuelo.
Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachabaPrimitivo, y empujando
la puerta, le vio sentado ante una gran mesaantigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum
de papelotescubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letrajorobada y
escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun enpalotes. La mesa y el cuarto en general
atraían a Perucho con el encantoque posee para la niñez lo desordenado y revuelto, los sitios en
que seacumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada montón deobjetos es un
mundo desconocido, un depósito de tesoros inestimables.Rara vez entraba allí Perucho; su
abuelo acostumbraba echarle para queno sorprendiese ciertas operaciones financieras que el
mayordomo gustabade realizar sin testigos. Cuando el nieto entró, la cara pulimentada yoscura
de Primitivo podía confundirse con el tono bronceado de un acervode calderilla o montaña de
cobre, de la cual iban saliendo columnitas,columnitas que el mayordomo alineaba en correcta
formación.... Perucho sequedó deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. ¡Allí estaban sus
doscuartos! ¡Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno deesperanza, alzó la voz
cuanto pudo, y dio su recado. Que la señoraestaba en la capilla, con el señor capellán.... Que le
habían despedidode allí.
Iba a añadir: «Y que se me deben dos cuartos por la noticia» o cosaanáloga, pero no le dio
lugar a ello su abuelo, alzándose del sillón conla agilidad de bicho montés que caracterizaba sus
movimientos todos, nosin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar
decalderilla, y la caída de algunas torres que, con sonoro estrépito, serindieron a la gran
pesadumbre. Primitivo salió corriendo hacia elinterior de la casa. El chiquillo se quedó allí,
solicitado por las dostentaciones más fuertes que en su vida había sufrido. Era una la decomerse
las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo leestaban convidando desde un
bote de hojalata, y aun cuando sería másglorioso para nuestro héroe vencer el goloso capricho, la
sinceridadobliga a declarar que alargó el dedo humedecido en saliva, y fuepescando una, dos,
tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote.Satisfecha esta concupiscencia, le apremió la otra,
incitándole nadamenos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos,tomándolos
del montón que tenía allí delante, a su disposición yalbedrío. No sólo apetecía cobrarse del
debido salario, sino que leseducían principalmente unos ochavos roñosos llamados de la fortuna
enel país, y que, merced a consideraciones muy lógicas en su menteinfantil, le parecían
preferibles a las piezas gordas. Las adquisicionesy placeres de Perucho los representaba
generalmente un ochavo. Por unochavo le daba la rosquillera, en ferias y romerías, caramelos
dealfeñique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vendían bramantesuficiente para el trompo,
y le surtía el cohetero de pólvora encantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se
procuraba tiras demistos de cartón, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallosde barro
con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo tenía alalcance de su mano, como las
obleas; ¡y nadie le veía ni podíadelatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para
alcanzarmejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el marde cobre.... Las
paseó mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas....Por fin hizo presa en un puñado de
ochavos, y entonces apretó el puñofortísimamente, con la intensidad propia de los niños, que
temen siemprese les escape la dicha por la mano abierta. Y así se mantuvo inmóvil,sin atreverse
a retraer aquella diestra pecadora y cargada de botín alseguro rincón del seno, donde almacenaba
siempre sus latrocinios. Porquees de advertir que Perucho tenía bastante de caco, y con la
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