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Los Pazos de Ulloa

Nota: No había capítulo nº V en el original. Pues, el capítulo VII sigue el capítulo V.
Los pazos de Ulloa
Emilia Pardo Bazán
Capítulos:
Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas susfuerzas a la única rienda
de cordel y susurrando palabritas calmantes ymansas, el peludo rocín seguía empeñándose en
bajar la cuesta a un trotecochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a
trancosdesigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repechodel camino real de
Santiago a Orense en términos que los viandantes, alpasarlo, sacudían la cabeza murmurando
que tenía bastante más declivedel no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda
alllevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros loque se pescaban, y
alguna quinta de personaje político, algunainfluencia electoral de grueso calibre debía andar
cerca.
Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa,encendimiento propio de
personas linfáticas. Por ser joven y de miembrosdelicados, y por no tener pelo de barba,
pareciera un niño, a nodesmentir la presunción sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto
 
 
 
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