Not a member?     Existing members login below:

Los Muertos Mandan

Febrer sonrió escépticamente. ¿Acaso resultaba necesario
el amor paracasarse? El matrimonio era un viaje a dos por
el resto de la vida, yúnicamente había que buscar en la
mujer las condiciones que se exigen enun compañero de
excursión: buen carácter, identidad de gustos, lasmismas
aficiones en el comer y en el dormir... ¡El amor! Todos se
creíancon derecho a él, y el amor era como el talento, como
la belleza, comola fortuna, una dicha especial que sólo
disfrutaban contadísimosprivilegiados. Por suerte, el
engaño venía a ocultar esta crueldesigualdad, y todos los
humanos acababan sus días pensandonostálgicamente en la
juventud, creyendo haber conocido realmente elamor,
cuando no habían sentido otra cosa que el delirio de un
contactode epidermis.
El amor era una cosa hermosa, pero no indispensable en
el matrimonio nien la existencia. Lo importante era escoger
una buena compañera para elresto del viaje; acomodarse
bien en los asientos de la vida; arreglar elpaso de los dos a
un mismo ritmo, para que no hubiesen saltos
niencontronazos; dominar los nervios y que la piel no se
repeliese en elcontacto de la existencia común; poder
dormir como buenos camaradas, conmutuo respeto, sin
herirse con las rodillas ni meterse los codos en
loscostillares... Él esperaba encontrar todo esto, dándose
por contento.
Valldemosa se presentó de pronto a su vista sobre la
cumbre de unacolina rodeada de montañas. La torre de la
Cartuja, con adornos deazulejos verdes, elevábase sobre la
frondosidad de los jardines de lasceldas.
Remove