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Los Muertos Mandan

Transcurrieron seis años sin que pudiese realizar mi
deseo.
Necesitaba volver a Mallorca e Ibiza para estudiar con
más detenimientolos tipos y paisajes de mi obra, y nunca
encontraba ocasión propiciapara tal viaje. Al fin, en 1908,
cuando preparaba mi primera excursión aAmérica, pude
escapar unas semanas de Madrid, llevando una vida
errantepor ambas islas. Visité la mayor parte de Mallorca,
durmiendo muchasnoches en pequeños pueblos donde me
dieron alojamiento las familias«payesas» con una
hospitalidad generosa, de bíblico desinterés. Corrílas
montañas de Ibiza y navegué ante sus costas rojas y verdes
en barcosviejos, valientes para el mar, que unos meses del
año van a la pesca yotros son dedicados al contrabando.
Cuando regresé a Madrid, con el rostro ennegrecido por
el sol y lasmanos endurecidas por el remo, me puse a
escribir Los muertos mandan,y eran tan frescas y al mismo
tiempo tan recias mis observaciones, queproduje la novela
«de un solo tirón», sin el más leve desfallecimientode mi
memoria de novelista, en el transcurso de dos o tres meses.
Esta fue la última obra del primer período de mi vida
literaria. Apenaspublicada me marché a dar conferencias en
la República Argentina yChile. El conferencista se
convirtió sin saber cómo en colonizador deldesierto, en
jinete de la llanura patagónica. Olvidé la pluma como
algofrívolo e inútil para la recia batalla con las asperezas de
una tierrainculta desde el principio del planeta y con las
malicias e ignoranciasde los hombres.
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