Not a member?     Existing members login below:

Los Espectros-- Novelas Breves

—Sí, pero... eso no me cambiará mucho. Si al menos yo tuviese una buenabarba...
como los demás...
—No digas tonterías; tu barba es admirable. Lo he dicho siempre y lorepito.
El profesor experimentó un gran alivio. Abrazó a su mujer y le hizocosquillas con
la barba detrás de la oreja. A media noche, cuando Machase fue a la cama y el
silencio reinó en la casa, llevó a su gabinete unespejo y agua caliente, y empezó a
afeitarse. Además de la lámpara sevio obligado a encender dos bujías; tanta luz le
molestaba un poco.Habiéndose afeitado un lado de la barba, se miró fijamente a los
ojos yse detuvo como paralizado. «¡Mira cómo eres!», se dijo como si mirase aotra
persona.
Verdaderamente no era guapo; su rostro estaba envejecido, mustio, llenode arrugas;
sus ojos no tenían brillo; las gafas le habían dejado unaseñal roja en lo alto de la nariz.
Había en su fisonomía un no sé qué degris, de muerto, como si no fuera la de un
hombre vivo, sino lamascarilla de un cadáver. No parecía ni un espía ni uno de los
que losespías se dedican a perseguir.
—¡Mira cómo eres!—balbuceó Krilov.
¿Por qué tenía aquella cara estúpida? ¿Quién se había atrevido adársela?
Una gruesa lágrima cayó de sus ojos. Apretando los dientes, se afeitó laotra mitad
de la barba, y, tras una corta vacilación, se afeitó tambiénel bigote. Mirose de nuevo
al espejo. Al día siguiente todos se reiríanal verle así. Y, sin embargo, en otro tiempo
era muy otra aquella cara.
Con gesto decisivo, asió fuertemente la navaja, echó atrás la cabeza y,con suavidad,
se pasó dos veces por la garganta el contrafilo de lahoja. No hubiera estado mal
degollarse; pero no pudo.
—¡Cobarde! ¡Canalla!—dijo en alta voz y tono indiferente.
Su rostro en el espejo, aunque movió los labios, permaneció gris,muerto. Podía ser
golpeado, escupido; permanecería siempre igual;guiñaría los ojos con mayor ligereza,
y nada más.
Al día siguiente, todos se reirían de aquella cara: los colegas, losdiscípulos, los
porteros. Su mujer se reiría también.
Hubiera querido encolerizarse, llorar, romper el espejo, hacer algoviolento; pero su
alma estaba vacía, sin vida. Sólo deseaba una cosa:dormir. «Como he respirado
demasiado tiempo el aire frío...», se dijo,bostezando. El otro, en el espejo, también
bostezó.
Remove