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Gatsby
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VALDEMAR.—Sí, ha estado aquí, donde tenía una cita con vuestra hija.
(Los gritos de indignación aumentan.)
EL CONDE.—Estáis en un error, caballero. Aunque yo no vea con buenosojos la
boda del duque con mi hija, no puedo creerle un ladrón que secuele por un agujero en
el castillo, cuando todas las puertas estánabiertas para él de par en par. No tenemos
motivos para amar al duque;pero le debemos respeto por el rango que ocupa. Y
aunque sois tan amigosuyo, le conocéis muy poco si le juzgáis capaz de atentar contra
elhonor de su prometida y contra el mío. Buscad a vuestro duque encualquier otro
sitio; acaso le encontréis en una taberna del camino,empinando el codo...
(Los barones del conde ríen. Los del duque hacen gestos amenazadores ylanzan
gritos de indignación.)
VALDEMAR.—¡Registraré de arriba abajo el castillo!
EL CONDE.—Haced lo que os plazca... (Una corta pausa.) Pero oíd unmomento.
Astolfo, ven aquí. (A Valdemar.) ¿Estáis seguro, caballero,de que el duque no está
entre vosotros? Eso me inquieta: temo que hayasido víctima de un advenedizo. Yo no
quería revelar este secreto sino alpropio duque; pero puesto que sois su amigo...
Caballeros, escuchad loque voy a deciros: ¡Mi hija ha sido infiel a su prometido! Es
unavergüenza para ella y para mí; pero no quiero ocultarla.
ELSA.—¿Dónde está Enrique? ¡Voy a volverme loca! ¿Por qué todas esasantorchas?
Lanzan un resplandor terrible. Enrique, ¿dónde estás?
EL CONDE.—¡Representas bastante bien la comedia, hija mía! Sinembargo...
Astolfo, refiere lo que has visto.
ASTOLFO.—Estábamos aquí, en este mismo escalón...
EL CONDE.—¡Más aprisa, muchacho! Sé lacónico.
ASTOLFO.—Y vimos de repente a alguien, que llevaba una vieja capa yparecía un
criado, abrazar a la condesa. «¡Qué desgracia!—me dijo elconde—. Mi hija le es
infiel a su prometido. Nunca una cosa así hadeshonrado a nuestra familia!»
EL CONDE.—¡Más aprisa, muchacho!
ASTOLFO.—El conde añadió: «Coge tres hombres, cae sobre el malhechor,átale a
los pies plomo y piedras y...»
VALDEMAR.—¿Y lo has hecho? ¡Oh, cielos! ¿Dónde está el duque entonces?
(Silencio.)
EL CONDE. (Señalando con la mano.)—Ahí, en el fondo del estanque.

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