Not a member?     Existing members login below:

Los Argonautas

la cal o la suavidadaristocrática del mármol; ciudades que
huelen en sus embarcaderos ahortalizas marchitas y frutos
sazonados, y envían hasta los buques, conel viento de tierra, la
respiración nupcial del naranjo, el incienso delalmendro,
rasgueos briosos de guitarra ibérica, gozoso repiqueteo
detamboril provenzal, arpegios lánguidos de mandolina italiana.
Inmóviles en los canales flamencos de aguas negras y
burbujeantes, habíadescendido hasta sus dormidas cubiertas la
melodía cristalina delcarillón perdido en el misterio de la noche.
Grandes puentes giratoriosse habían abierto ante ellos,
repeliendo las masas de gentío y decarretones, para darles paso
en los ríos navegables de Holanda.
Al verse en alta mar, sus proas, como hocicos inteligentes,
husmeaban elhorizonte, adivinando el sendero a través del
infinito. En torno de susgrupas rebullían en jabonosas espumas
las olas grises o negras de losmares septentrionales, las azules
ondulaciones atlánticas, el inmensolíquido durmiente bajo la
pesadez ecuatorial, el Océano verde conescamas de oro de las
costas brasileñas, las aguas casi dulces de lascostas del Sur,
teñidas de rojo por las avenidas de los ríos.
Una vez hablaba a Maltrana, una voz sin vibración, que
repercutía en sucerebro sin haber pasado antes por su oído:
—Y así marchamos a través del misterio azul, en busca de una
lejanatierra de ensueño para nuestro cargamento de miserias y
ambiciones. Haceaños, seguíamos todos el mismo rumbo con la
tenacidad de un rebaño queno conoce otro camino. Íbamos al
Norte de América, tragadero insaciablede hombres, olla
hirviente de razas, tierra de prodigios absurdos yopulencias
insolentes... Pero ahora, el camino se ha bifurcado:conocemos
Remove