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Los Argonautas

noble,rectilíneo, lo mismo que el deber y la disciplina que
mantenían a todosen sus puestos.
Oyó pisadas en la toldilla. Una silueta avanzaba titubeante,
explorandolos rincones. Era Maltrana, que al reconocerlo se
dirigió hacia él,lamentando su desaparición... ¿Qué hacía allí?
¿Por qué no estabaabajo?... Y acompañaba sus palabras con
grandes risas y cariñosospalmoteos. Fernando vio en sus ojos el
brillo de una extraordinariaagitación. Al hablar esparcía su boca
un vaho alcohólico.
—La gran noche, amigo Ojeda; y eso que aún estamos, como
quien dice, alprincipio. Esos muchachos son encantadores.
Tenemos concertada unapequeña reunión con varias chicas de la
opereta para cuando termine elbaile y se acueste la gente seria.
¿Y Nélida? Una valiente. Se hadeslizado fuera del salón,
mientras emborrachaban a su hermanito losamigos de la banda.
Su primer flirt, el alemán que se titula parientey viene con ella
desde Hamburgo, anda loco por todo el buque sin
poderencontrarla. Yo soy el único que sabe dónde está: ¡yo lo sé
todo! La hevisto entrar cautelosamente en su camarote, como
una gata estremecida, yllegar después de ella al barón belga... Y
el otro busca que busca. ¡Lomás divertido!... Pero ¿qué tiene
usted? ¿Por qué esta triste?...
Fernando experimentó un deseo egoísta de comunicar su
desaliento y suamargura a este amigo regocijado.
—Soy un miserable que siente asco de sí mismo. Un
verdadero miserable.
Quedó Maltrana indeciso, no sabiendo qué gesto adoptar ante
unaafirmación tan inesperada... Luego se encogió de hombros y
volvió areír, como si leyese en el pensamiento de Ojeda.
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