—...no las han traído antes porque no habían llegado, y dice
eldependiente de la tienda que tenga la señora la bondad de
escoger ahoramismo la que quiera porque hay muchos pedidos.
Julián que paseaba inquieto de un lado para otro del gabinete
cruzandotambién la sala, llegó en aquel momento a la entrada
del despacho ypodo oír perfectamente que la chica decía
haciéndose cruces:
—¡Qué bonitas! ¿Desea la señora que las lleve al gabinete, que
estámejor alumbrado?
Emilia, sintiendo tan cerca aquellos pasos de hombre
impaciente, seturbó contrariada y confusa; pero de pronto se
rehizo, mató de un soplola luz, preparó sumas hechicera sonrisa
y atrayendo hacia sí la puertapara que él no se enterase de lo que
causaba su vergüenza, salió alencuentro de Julián, diciendo
entre dientes y rapidísimamente a ladoncella:
—¡No tengo tiempo de elegir! ¡Guárdalas a escape... y di que
me quedocon las siete!

