moderna desde lamiserable intelectualidad medioeval, tan
celosamente preservada por losfrailes en la España y en sus
colonias; que aun no llevamos un siglo devida independiente y
que su primera mitad fue, fatalmente, laprolongación del
terrorismo y del oscurantismo coloniales, que hicieronfracasar la
temprana iniciativa liberal de Rivadavia, y proscribieron
lailustración clausurando las escuelas en la época de Rosas,
después de lacual fueron reabiertas bajo la férula de los
sacerdotes—beneficiariosen todas las épocas de salvajismo; que
nuestra instrucción pública sóloes aproximadamente laica desde
1884; que hasta el setenta y tantos losinternos de los recientes
colegios nacionales solíamos tener que fugar,todavía, saltando
las paredes del fondo para escapar a la confesiónobligatoria en
semana santa; que la humanidad no produce sino uneducador en
cada siglo, como dijo Emerson, y que recién empezamos a
noechar de menos a Sarmiento en la dirección superior de la
instrucciónpública; que nuestra ley de matrimonio civil es de
ayer y la estadísticaarroja, ya en nuestra gran capital dos tercios
de matrimonios sinintervención del cura; que la casi totalidad de
nuestros hombres madurostuvieron fresco el entendimiento
cuando estaban verdes y no se habíandifundido aún, con los
ferrocarriles y la prensa, las ideas y lossentimientos modernos,
cada día más amplios en el amor a la verdad y ala humanidad,
que inducen a las almas bien templadas a trabajar en estemundo
de los vivientes para dejarlo a su partida mejor que
loencontraron a su llegada, a la inversa de ese mezquino
sentimiento delos creyentes en la magia religiosa que los induce
a dar y legar a lasiglesias para el bien de su alma
exclusivamente.
