y espantoso, elabismo de tinieblas y de castigos eternos. Nuestra
moral ¿es menos altay menos pura desde que es más
desinteresada? ¿La humanidad ha perdido unsentimiento
indispensable o precioso perdiendo un temor?"
Por el contrario, la humanidad ha ganado inmensamente desde
que empezó aconvalecer del miedo al infierno que la hizo tan
miserable, tan cruel,tan dura y tan implacable en el pasado.
La proporcionalidad del castigo con la falta, por ejemplo, ha
empezado aser desde el siglo último la regla en las leyes de la
tierra, gracias alabogado Beccaria, y en la actualidad las
personas de sentimientosmorales refinados son ya capaces de
comprender la monstruosa iniquidadde los tormentos eternos
que sancionaron los iluminados por el EspírituSanto para
castigar en el otro mundo los errores de los hombres en éste.
El presidio perpetuo con tormentos vitalicios, que fue la pena
común,hasta para muchas acciones que hoy consideramos como
derecho corriente yperfecto del ciudadano, la ergástula está
desapareciendo de lalegislación de las naciones civilizadas, aun
para los delitosmonstruosos y la ergástula a perpetuidad para la
segunda vida subsistetodavía en el código moral de la Iglesia
medioeval, hasta para el merocumplimiento de los deberes
naturales, que ella considera crímenes sison realizados sin su
licencia y sacramento cuando se practican con suintervención.
Es que la moral milenaria, la moral revelada a los hombres de
una vezpara siempre en la infancia de la civilización, no puede
cambiar sin unanueva revelación que anularía a las precedentes,
quitando a la Iglesiasu única base posible: el origen divino y la
infalibilidad, que es sucorolalario, y en cambio, puede ser
