musulmanas que habitan la zona tórrida en el viejomundo, y el
de las poblaciones católicas de la misma zona en el nuevo.
Por supuesto, todos tenemos creencias—la creencia es la
expresión, elresultado, la forma de la razón humana en un
asunto y en una época—perounos tienen creencias voluntarias
que pueden cambiar o dejar, como eltraje civil del particular, y
otros tienen creencias forzosas, como eluniforme del fraile o del
soldado, que no pueden cambiar o abandonar sinincurrir en
penalidades; unos tienen creencias antiguas y otros
tienencreencias modernas, porque la razón humana tiene hijas
mozas y tienehijas viejas.
La característica mental del hombre en la edad media fue el
miedo a losmuertos y el terror a la muerte. La del hombre
moderno es lo inverso,cada día más pronunciadamente, y de
aquí proviene el debilitamientoprogresivo de los poderes de
derecho divino, fundados sobre lasupervivencia de los difuntos,
resucitados para penarlos, si fuerenmalos, y para petardearlos, si
fueren buenos, y que al fin empiezan adescansar en paz,
reintegrados a la tranquilidad definitiva por la razónhumana,
para libertar a la vida humana de las peores formas de
laimbecilidad humana.
La decadencia de los poderes espirituales que gobiernan a los
vivos pordelegación de los muertos es un hecho paralelo y
concomitante con elrelevamiento de la inteligencia humana por
la civilización moderna. Laque fue más grande y más fúnebre en
su ya lejana época de esplendor, laque ha perseguido, torturado
y destruido a mayor número de vivos endesagravio de los
muertos, la que en mayor medida sigue achatando a losvivientes
