subsiguientes. En el árbol de la vida síquica, las hojas
envejecentambién, se secan, se caen y son reemplazadas por
otras en lasubsiguiente primavera del espíritu. En la inmensidad
del tiempo, todateoría de la vida es como la paja que lleva el
viento, como el árbol quecrece en el suelo y que no puede
instituirse por sí mismo en ejemplarúnico y definitivo del reino
vegetal sobre la tierra.
El primer rompecabezas en que se estrellaron los primeros
caviladoresansiosos de saber misterios interrogando a la
Esfinge, fue, sin duda, elfenómeno siempre imponente y
universal de la muerte. Y una vez asomadosal "agujero de
sombra", y puestos a resolver el insoluble enigma, eldeseo de
ser y la imposibilidad de pensarse no siendo, les
llevaronfatalmente a imaginarse una continuación ulterior de la
vida.
Y aquí fue Troya, pues la emigración de los habitantes de las
tumbas yla invasión del mundo de los vivos por los muertos, que
se enseñoreabande todas las cosas y de todas las gentes,
esparciendo sobre los dominiosde la vida las fatídicas tinieblas
del reino de la nada, empezóentonces, y no ha concluido aún,
sino para una feliz minoría deafortunados que ha conseguido ya
escapar a la incontrarrestable tiraníade los potentados de la
eternidad y a la abrumadora carga de susrepresentantes en la
actualidad.
El hombre también había sacado un mundo de la nada, mejor
dicho, unatrinidad de mundos fantásticos, lamentablemente
absurdos, inicuos,atroces, con un desván o entresuelo
complementario para los cretinos ylos recién nacidos: el mundo
