llamo vicio a las pasiones, alas fuertes pasiones, a las pasiones
trágicas. Llamo vicio a la vaciedadde los espíritus que se tienen
Álvarez fue ante todo y sobre todo un autodidacta. Como todo
estudiosotenía por costumbre—dice uno de sus biógrafos—
hacer acotacionesmarginales a las obras leídas, subrayando los
párrafos que leinteresaban y anotando en las primeras hojas del
libro leído el númerode las que servirán a sus ulteriores
consultas. Además, valíase decuadernos en que hacía extractos,
notas, agrupaba observaciones, prontaspara ser utilizadas en sus
escritos. Quedan todavía muchos de ellos sinhaber llenado su
objeto—según confesión de un vástago de aquella noblecepa
tutora—a causa de la muerte prematura.
Su obra se reciente de método. El trajín de la lucha cotidiana
leimpidió el reposo y la serenidad, tan necesarias a las
especulacionesdel espíritu.
Su paso por la vida militar, por el periodismo, por los
tribunales, yacomo abogado o magistrado, su incursión por el
campo de la política, sudedicación a la labor educacional como
profesor de la enseñanza militar,secundaria y universitaria; su
actuación como miembro de numerosasinstituciones científicas
o culturales, o ya en numerosos congresoscientíficos de diversa
índole, nacionales o internacionales; suactuación de funcionario
de la nación o provincia; todo ello le impidióhacer su obra
metódica y serenamente, en la especialización. Así en
eseafanoso bregar diario por todos los senderos fue
construyendo conadmirable persistencia y energía no común.
¡Asombra el imaginar lo quehubiera dado este cerebro
