verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yocreía injertas en mí noto que se
desvanecen y que se van. Yo soy comoaquel salvaje de Darwin que se había
civilizado y que, al regresar a sutribu, se volvió nuevamente salvaje, perdiendo en
unas horas de contactocon los suyos lo que había adquirido en diez años de esfuerzo.
Y es queeste café de la Puerta del Sol representa la eternidad. París, Londres,Berlín...,
el espíritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso estransitorio, todo cambia y se
transforma, mientras que este cafépermanece inmutable, con los mismos divanes, con
los mismos camareros,con los mismos clientes, con el mismo menu, con las mismas
ideas, conel mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos.
III
SE ENCIENDE UNA ESTRELLA
MI llegada a Madrid tuvo algo de bíblica. Coincidiendo con ella,apareció en el
cielo una estrella resplandeciente. ¡Una nueva estrella yun nuevo microbio! ¡Para que
luego digamos que en Madrid no se descubrenada!
La estrella en cuestión fue encontrada por el señor Roso de Luna, quienya había
encontrado otra algunos años atrás y nos la había presentadofamiliarmente, como
hubiera podido presentarnos una estrella devariétés: «La modesta estrella que he
tenido el honor de descubrir...»
¿Cómo se las arreglará el Sr. Roso de Luna para encontrar tantasestrellas? Yo he
hecho numerosos viajes y jamás me he tropezado conninguna. Bien es verdad que
tampoco las he buscado, ignorando lautilidad que pudieran reportarme.
El Sr. Roso de Luna encontró su estrella a las dos o las tres de lamadrugada, y se
fue corriendo a la redacción de un periódico para quelos lectores de la primera edición
tuvieran noticia del hallazgo. No sécuánto le habrá dado por la estrella el popular
colega. Yo, en el casodel Sr. Roso de Luna, me habría ido con ella a Nueva York y se
la habríaofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos periódicos.
Mr.Hearst, que es un especialista en patriotismo, podría así añadirle unaestrella a la
bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar elnuevo astro para hacer
anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba,entonces hubiese llevado mi
estrella a la Embajada alemana de Madrid.Esos alemanes lo utilizan todo y pagan
espléndidamente.
