XVII
LITERATURA PATOLÓGICA
DESGRACIADAMENTE, en la literatura española no hay más que genios. Esetipo de
escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, queLemaitre considera
superior al genio y del que pone como ejemplo aAnatole France, no existe entre
nosotros. Todos nuestros escritorespertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi
pequeñísima escala,¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de
geniosen chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puertade una
iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversasmonstruosidades.
Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros deotros autores
españoles, tengo la sensación de encontrarme en una salade hospital esperando, con
mis compañeros de dolor, la visita de algunaseñora vieja que no sepa en qué matar el
tiempo. La literatura española,en efecto, no es más que una serie de enfermedades,
debidas,generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El unoestá
enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago.Este se encuentra
amagado de parálisis general progresiva y tienedelirio de grandezas. Aquél padece del
bazo... Hay escritor que perderíatodo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas
inyecciones dealgún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un
buenrégimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dadovarias veces.
¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosasinteresantes no se volvieron
idiotas tan pronto como se los llamó a unbuen periódico y se les dio un buen sueldo?
Los directores no seexplicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil
decomprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habíantenido era
hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel delmás vulgar empleado de
Hacienda...
¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta deello! ¡Horrenda
cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarsemédicamente como un flemón o
como una enfermedad de los riñones!... Perohay algo peor aún en nuestra literatura:
los aprensivos, esto es, losenfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo
perfectamente tontos,se creen atacados de genialidad...
XVIII
UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE
