Perdone el Sr. Botella esta observación de un profano, y no me despreciedemasiado
por ella. Si él considera el oro desde un punto de vistapuramente científico, tal vez no
haya entre él y yo tanta diferenciacomo pueda parecer a primera vista. Para mí, señor
Botella, el oro estambién una teoría...
Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de sudescubrimiento sea acogida
con algún escepticismo. ¡Ahí es nadaencontrar oro en España! Al mismo tiempo que
el Sr. Botella, hemosestado buscándolo veinte millones de españoles y no hemos
logrado aúnpasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin éxito ninguno,
yaunque sabemos que el oro español está prodigiosamente escondido, se noshace un
poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestraspesquisas, sus acaparadores lo
hayan mezclado con mercurio.
Por lo demás, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto,vendría a
constituir, en cierto modo, una reivindicación para losfalsificadores, quienes cuando
necesitan dinero no hacen dramas,crónicas ni novelas, como los literatos, sino que
hacen dinero. El señorBotella necesitaba oro—con un fin económico o con un fin
científico—,y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacerchaquetas,
se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lectorespañol, y si no puede
hacer oro, trate, por lo menos, de hacerbilletes.
Por mi parte, yo me alegraría mucho de que el descubrimiento del Sr.Botella fuese
realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metalextraño, frío y terapéutico que se
llama mercurio, todo el mundo tendráoro próximamente. Por lo menos, todo el mundo
tendrá oro en unaproporción equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que
entonces eloro perderá casi toda su importancia; pero por eso precisamente es porlo
que yo, con una intención algo bolchevique, digo que me alegraría...
QUE ha subido el precio de los alquileres? ¿Que las patatas están porlas nubes?
¿Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Esque la peseta ha perdido
su capacidad adquisitiva.
Teóricamente, las patatas están donde estaban; pero la peseta no puedeya
adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunían quince oveinte pesetas, se
iba a una tienda y adquiríase en el acto un par dezapatos bastante aceptables. Ahora,
