Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
El mundo estaba frío, sin alma y sin piedad; contemplaba su marchapenosa sin un
impulso de misericordia.
¡Morir de hambre!... Por él, que fuese al momento: descansaría de unavez. Pero ¿y
aquella infeliz que le aguardaba, enferma y casienloquecida, como si no pudiese con
el peso de sus entrañas? ¿Cuál iba aser su suerte?...
Maltrana el altivo, el hombre superior, cuya palabra era un hachazo; elfervoroso
creyente de la alegría de la vida y su refinado helenismo,sintió que sus piernas
flaqueaban, y se apoyó en un árbol.
No podía más: era un vencido. Confesaba su cobardía, cayendo anonadadobajo el
zarpazo de la Suerte.
¡Pobrecillo! Se llevó las manos a los ojos y rompió a llorar con vagidosde cordero
abandonado, como un niño que despierta en las tinieblas ysiente el vacío en torno
suyo, sin que sus manos temblonas tropiecen conel calor del pecho maternal.
XI
El mismo día de la nevada, un nuevo infortunio conmovió dolorosamente aIsidro.
Al volver a su casa pudo comer. El dueño del tenducho de las Cambroneraspareció
apiadarse de su miseria, aceptando todas las promesas de prontopago. La inclemencia
del tiempo ablandaba al tendero, y el joven logrósubir con dos panes, una botella de
vino, queso y una lata de sardinas.
Fiesta completa. Después de comer, sintió un renacimiento de su amor ala vida.
Arañó sus bolsillos para reunir las últimas briznas de tabaco;lió un pitillo, y
despidiendo nubes de humo con la voluptuosidad delbienestar, contempló detrás de
los cristales el paisaje nevado que tanhonda tristeza le inspiraba horas antes.
Feli apenas pudo comer: sentía repugnancia ante aquellos manjares. Unanáusea los
repelía de su boca, y de nuevo se sumió en su inmovilidad, enaquel agotamiento que
la hacía permanecer como insensible.
El joven se apartó de la ventana al oír un suspiro de angustia.
—¡No veo... no veo!—gimió Feli, llevándose la mano a los ojos.
Maltrana corrió hacia ella.
-¿Qué te pasa, nena? ¿Qué sientes?
-Mi padre...—dijo con voz lenta—, mi tío Manolo... frío, mucho frío.
La incoherencia de sus palabras inspiró miedo al joven.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.