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Gatsby
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—¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante.¡Maldición!
¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres díashabremos vengado al barón
de Morel! Cuento con vosotros, valientes, ydesde ahora quedáis incorporados á mi
escuadrón predilecto.
—Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuróá decir
Tristán.
—¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés,mirando
tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte seha encargado de
desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero,porque temo que no vuelva á ver
la luz del sol, añadió señalando á Rogerdesfallecido. ¡En marcha!
CAPÍTULO XXXIV
REGRESO Á LA PATRIA
NOS hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro mesesdespués
de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducíaderechamente á la
antigua ciudad de Vinchester y á no muy grandedistancia de ella iban dos jinetes,
joven, apuesto y ricamente ataviadoel uno, con las espuelas de oro del caballero, al
paso que el otro,hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no
revelarsu profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupade su
caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cincomil ducados que
pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil esdecir que era el jinete nuestro
jovial amigo Tristán de Horla, elevadorecientemente á la dignidad de escudero de Sir
Roger de Clinton, señorde Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento.
Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, conaplauso de
todo el ejército que le consideraba como uno de los másbrillantes soldados del reino.
Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzosupremo de la Guardia Blanca había sido
referido y ensalzado en toda lacristiandad y el príncipe heredero, en nombre del
soberano, habíacolmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho
dearmas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tanluego
triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado laguerra y que nada se
había podido averiguar sobre el paradero ni lasuerte del barón de Morel. Recibió las
felicitaciones y alabanzas que leprodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en
disposición desoportar el viaje á Londres se embarcó acompañado de su fiel
Tristán.Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino
deHanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior quele anunció la
muerte de su hermano.
Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino,la
verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y lahermosa apariencia del
ganado.
 

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