vencedor sino la victoria ó la derrota del bandoque respectivamente representaban.
Guerreros ambos de mucha nombradía,sus proezas los habían llevado á muy distintos
países y campos decombate, sin darles hasta entonces la oportunidad de medirse
cuerpo ácuerpo. Dióse la señal, y puestas las lanzas en los ristres arremetieronuno
contra otro ambos combatientes, encontrándose con tremendo choquefrente á la regia
tribuna. Aunque el teutón se estremeció al golpefuribundo del caballero inglés, su
lanza alcanzó á éste en la visera confuerza tal que rompió las cintas que sujetaban el
casco y éste cayóhecho pedazos, pero el barón continuó su carrera, descubierta la
calvacabeza que brillaba á los rayos del sol. Millares de pañuelos y gorrasagitados en
el aire y un vocerío inmenso acogieron aquella ligeraventaja del caballero teutón.
Nada desanimado el de Morel, llegóse á escape á su pabellón y sepresentó á los
pocos momentos con otro fuerte yelmo, pronto para lasegunda justa. El resultado de
ésta fué tan igual para ambos que losmejores jueces no hubieran podido adjudicar la
victoria á uno ni otro.Así Morel como el de Bohemia resistieron impávidos el bote
formidabledel contrario, que ambos recibieron de lleno en el pecho y sin perder
lasilla. Pero en el tercer encuentro la lanza del barón se clavó entre lasbarras de la
celada del contrario, arrancándole de golpe la visera, átiempo que el de Bohemia, con
singular mala suerte, desviaba su lanza ydaba con ella fuerte golpe en el muslo de
Morel, contra todas las reglasdel torneo, que prohibían herir al contrario de la cintura
abajo ydeclaraban vencido al que tal hiciera. También daba á Morel aquelmalhadado
golpe el derecho de apropiarse las armas y el caballo delenemigo, si hubiera querido
ejercerlo. Los aplausos y gritos delirantesde los soldados ingleses y el silencio y los
ceñudos rostros del puebloanunciaron, antes que lo hicieran los farautes, el triunfo de
losprimeros, que habían obtenido ventaja en tres encuentros, contra dos queganaran
los gascones. Ya se habían congregado los diez combatientesfrente á la tribuna del
príncipe para recibir dos de ellos el galardónmerecido, cuando el agudo toque de un
clarín llamó la atención de lospresentes hacia un extremo del palenque, ganosos todos
de ver alinesperado caballero que así anunciaba su llegada.
CAPÍTULO XXIV
DE CÓMO EL ESTE ENVIÓ UN FAMOSO CAMPEÓN
DICHO queda que las grandes justas de Burdeos, para las cuales eraestrecha y de
todo punto inadecuada la plaza frontera á la abadía de SanAndrés, se celebraban
extramuros, en la vasta llanura inmediata al río.Al este de aquella se elevaba el
terreno, cubierto de verdes viñedos enverano, por entre los cuales serpenteaba el
camino que conducía alinterior, muy frecuentado de ordinario pero solitario aquel día
en quetodos, así viajeros como habitantes de la ciudad, formaban parte de lamultitud
espectadora.
Mirando en la dirección de aquel camino hubiera podido verse, aun muchoantes de
terminar el combate, dos puntos brillantes y móviles que fueronacercándose hasta
