Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Por fin, entregando la espuela, para que fuera colocada otra vez en elsepulcro,
terminó de este modo:
—Vuelve a descansar con los huesos de tu dueño, reliquia de la viejahonra
cristiana, mientras nosotros rezamos una oración por el almadesconocida, que
seguirás ennobleciendo en la muerte.
Quitose el sombrero, e inclinando la cabeza, musitó una plegaria. Ramirole imitó.
XIII
El comienzo de la difícil empresa vino a recoger su desparramadaenergía. Hasta
entonces, Ramiro divagaba por el mundo desmesurado yquimérico de las ambiciones
nacientes. Pasábase las horas y las horasimaginando hazañas inauditas o exaltando
ansias de imperio y degrandeza, que él miraba luego colmarse una a una, a lo largo
delporvenir, como tinajas de subterráneo tesoro.
El recogimiento extremaba su fiebre. No contaba con un solo compañero desu edad.
Desde temprano, a pesar de la oposición de su madre, buscó eltrato de algunos
mancebos. Llegó a conocer a un Núñez Vela, a unValdivieso, a los dos hermanos
Rengifo, a Diego Dávila, a Nuño Zimbrón.Soñó con amistades heroicas, fue todo
franqueza y ardor, ofreciendo, sinambages, en rebosante copa, la lealtad de su pecho;
pero no tardó enadvertir que sigiloso encono crispaba todos los labios en su presencia
yque su mano calurosa no estrechaba sino dedos laxos y fríos. En cambio,los demás
se agasajaban entre ellos, y aquella hostilidad común haciaél, aquella tácita
conspiración, parecía estrecharles mayormente.
—¿Por qué? ¿Por qué?—se preguntaba sin cesar con varonil mansedumbre ysin
querer pensar en la venganza,—¿por qué no me ha sido dado lograresa cordialidad
que se le brinda a cada paso a un imbécil y a veces a unmalvado, a un felón?—No
maliciaba aún el peligro de aquel ingenuoaliento de orgullo y de fuerza a que todas
sus frases trascendían.
Por fin, paseándose una tarde por la Rúa, con Miguel Rengifo, el únicoamigo que le
quedaba, díjole en un momento de afectivo calor:
—Si yo medro, Miguel, e después de algún hecho señalado me hacengobernador de
una plaza, os he de llamar junto a mí para haceros miprimer capitán.
Rengifo, a quien todos llamaban el enano, por su mezquina estatura,giró sobre sus
talones y respondió con enfado:
—¿Y por qué no he de ser yo quien medre, e os llame junto a mí, e oshaga mi
capitán?
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.