Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
polvareda. Recogían, sobre todo el segundón, losjuramentos y palabrotas de los
gañanes, y andaban siempre con la bocahinchada de obscenidad y ardiendo, uno y
otro, en esa urgencia carnalque ataca, de ordinario, a los donceles.
Beatriz prefería al mayor, que era rubio y hermoso; pero saboreaba desdeluego la
femenina fruición de esperanzarlos a la par.
Ramiro, que solía entrar ahora a la casa, topó varias veces con ellos,advirtiendo con
desgarradora sorpresa que Beatriz no existía solamentepara él. Notó miradas,
melindres, cuchicheos, e imaginó todo lo quepodría suceder en aquella familiaridad
del parentesco; pero su orgullofue más fuerte que el dolor. Mostrose tranquilo,
silencioso, casisonriente.
Una tarde de fines de agosto, el escudero vino a decirle que Gonzalo, elmayor de
los hermanos, se paseaba en compañía de Beatriz bajo losárboles. Ramiro fuese a
mirar por entre los setos.
Largo tiempo pasó ocupado en atisbar, por distintos parajes, el vecinojardín. De
pronto, un calofrío, anterior a toda idea, le corrió por elcuerpo. Volvió a mirar. Sí,
frente a él, a corta distancia, Beatriz y suprimo estaban echados de espaldas sobre la
hierba, a la sombra de unolmo. El mancebo había juntado su rostro al de la niña,
pasándola elbrazo bajo la espalda, mientras ella, deshojando un rojo clavel, unclavel
rojo como la sangre, sonreía voluptuosamente.
Loco de ira, Ramiro quiso abrirse paso entre la espinosa malla; pero nopudo
lograrlo, y un destemplado gemido, un gemido áspero, terrible,brotó de su pecho.
Gonzalo y Beatriz se levantaron y huyeron.
IX
Al comenzar el invierno de aquel año, la madre, ansiosa de ver a su hijoen el regazo
de la Iglesia, resolvió apresurar sus estudios paraenviarle, en cuanto fuera posible, al
«Colegio del Arzobispo», enSalamanca.
Ramiro no había tenido hasta entonces otros maestros que la misma doñaGuiomar
para las primeras letras, y, más tarde, para los rudimentos dela gramática latina, un
religioso franciscano del convento de SanAntonio. Aquel fraile, de unos setenta y
cinco años de edad, no eraescaso de luces; pero, como estaba de despedida en la
tierra, tomaba latarea de la enseñanza con tolerante desdén, amodorrándose a menudo
enlas lecciones. Solía decir a su discípulo:
—Pregunta, pregunta, hijo mío, que no he de ser yo quien te esconda lopoco que he
cosechado en los libros; pero no olvides que de nada te hande valer en Purgatorio
estas migajas de ciencia que nos dejaron lossabios cristianos y gentiles.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.