anécdota,porque los pájaros verdaderamente negros, esto es, los
que tienenemponzoñada la lengua y la pluma, se han vengado
después, valiéndosesiempre de sus armas usuales, el ardid y la
calumnia; y han calumniadoal infortunio.
¡Pobre don Pedro! Acaso fue malo, porque fue desgraciado. Su
crueldadfue efecto de la exasperación; pero tuvo tacto mental,
carácter enérgicoy un corazón que sabía amar.
Stein, con la cabeza apoyada en las manos, recreaba sus
miradas en elmagnífico espectáculo que ante ellas se
desenvolvía y respiraba condeleite aquella pura y balsámica
atmósfera. De cuando en cuando unclamor prolongado y vivo le
arrancaba a su suave éxtasis y afectabadolorosamente su
corazón. Era la gritería de la plaza de toros.
«¡Dios mío!, ¡es posible!—se decía aludiendo a la guerra—,
que aaquello lo llamen gloria y a esto—aludiendo a los toros—
lo llamenplacer!»
Marisalada pasaba su vida consagrada a perfeccionarse en el
arte, quele prometía un porvenir brillante, una carrera de gloria y
una situaciónque lisonjeara su vanidad y satisficiera su afición al
lujo. Stein no secansaba de admirar su constancia en el estudio y
sus admirablesprogresos.
Sin embargo, se había retardado la época de su introducción en
lasociedad de las gentes de viso, por una enfermedad del hijo de
lacondesa.
Desde los primeros síntomas había olvidado esta todo cuanto
la rodeaba:su tertulia, sus prendidos, sus diversiones, a
