ni sirve ser malo.
Capítulo XV
Tres años habían transcurrido. Stein, que era de los pocos
hombres queno exigen mucho de la vida, se creía feliz. Amaba a
su mujer conternura; se había apegado cada día más a su suegro,
y a la excelentefamilia que le había acogido moribundo, y cuyo
buen afecto no se habíadesmentido jamás. Su vida uniforme y
campestre estaba en armonía con losgustos modestos y el temple
suave y pacífico de su alma. Por otra parte,la monotonía no
carece de atractivos. Una existencia siempre igual escomo el
hombre que duerme apaciblemente y sin soñar; como las
melodíascompuestas de pocas notas, que nos arrullan tan
blandamente. Quizá nohay nada que deje tan gratos recuerdos,
como lo monótono, eseencadenamiento sucesivo de días,
ninguno de los cuales se distingue delque le sigue ni del que le
precede.
¡Cuál no sería, pues, la sorpresa de los habitantes de la cabaña,
cuandovieron venir una mañana a Momo, corriendo, azorado, y
gritando a Steinque fuese, sin perder un instante, al convento!
—¿Ha caído enfermo alguno de la familia?—preguntó Stein
asustado.
—No—respondió Momo—; es Usía que le dicen su Esencia,
que estabacazando en el coto jabalíes y venados, con sus
amigos, y, al saltar unbarranco, resbaló el caballo y los dos
