no presenciasen el fin del buenRelimpio, el cual ocurrió
media hora más tarde, y fue tranquilo y suave.Su muerte
remedó el dulce acceso de embriaguez que le
transportaba,mediante una breve toma, desde las miserias
de la realidad a lasdelicias de una vida apócrifa, compuesta
con extraños fingimientos dejuventud, pasión y energía.
¿Entraba al fin en un mareo eterno? ¿Iba yaderechamente a
ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor
yamparo de la hurí en las edades sin término y en los
espacios sinmedida? José, eres un ángel.
Abrazando estrechamente a Riquín y cubriéndole de
besos la cara,Emilia le decía:
«Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la
madre que te falta.Aquella mamá tuya no existe ya, se ha
ido para siempre y no volverá; seha caído al fondo, hijo
mío, al fondo... Ya lo entenderás más adelante».
Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura,
no os fiéisde las alas postizas. Procurad echarlas naturales,
y en caso de que nolo consigáis, pues hay infinitos
ejemplos que confirman la negativa, lomejor, creedme, lo
mejor será que toméis una escalera.
