Not a member?     Existing members login below:

La de Bringas

cabeza de Cándida haciendo movimientos afirmativos,bastantes a dar seguridad a la
misma duda.
«Antes de las doce estará todo hecho. Tranquilícese usted... Para estascosas me
valgo yo de un amigo que es un lince... Sigilo, actividad,entendimiento, todo lo tiene;
y despacha estos encargos en un decirJesús».
Hay motivos para creer que ya por aquella época, la segunda etapa de sudecadencia,
principiaba Cándida a visitar en persona el Monte de Piedady las casas de préstamos,
bien para asuntos de su propia conveniencia,bien para prestar un delicado servicio a
cualquier amiga de muchaconfianza. A esto llamaba Máximo Manso la segunda
manera de doñaCándida, y debo hacer constar que aún hubo una tercera manera
muchomás lastimosa.
Todo se arregló, pues, aquella mañana tan fácil y prontamente como la deGarcía
Grande había dicho, pues no eran las once y media cuando yaestaba ella de vuelta con
el dinero. Tomolo Rosalía con ansia y sealegró de poseer lo bastante para cumplir con
Torres y con Sobrino,conservando un resto para atencioncillas de poco más o menos.
«No sé cómo agradecerle a usted...—dijo con vehemencia a suinsigne amiga,
estrechándole las manos—. Pronto volverá todo a casa,pues no me gusta que mis
alhajas hagan estas excursiones; y sólo por unagran necesidad...».
No se sabe como rodó la conversación hacia un cierto apurillo que había,por la
mucha calma de un pícaro administrador... Cuestión de dos o tresdías... ¿Cómo negar
este favor a quien se había portado tan bien?Rosalía creyó que se arrancaba un pedazo
de sus entrañas cuando se lefueron de entre las manos aquellos diez duros con que
apagó la sedmetálica de su amiga. Pero no había más remedio. Muy gozosa pasó
doñaCándida a ver a Bringas, el cual dijo que se sentía mejor, aunque muydébil de la
cabeza. El médico le había examinado por la mañana y supronóstico fue bastante
favorable. Recobraría pronto la vista... y...Aun creía ver algo cuando se apartaba la
venda... Lo que hacía falta eramucho reposo, paciencia y tomar con método y
puntualidad las medicinasprescritas.
«¿Quién ha entrado?»—preguntó Bringas vivamente.
—Me parece que es el Sr. de Torres—replicó Cándida—, que ha venido apreguntar
por usted.
—Tengo la cabeza tan débil, y al mismo tiempo tan trastornada, que mepareció oír
contar dinero... Aunque no quiera, y aunque el médico meordeno que no me ocupe de
nada, no puedo menos de prestar atención atodo lo que pasa en la casa. No lo puedo
remediar. Tengo eloído siempre alerta, y hasta cuando me duermo paréceme que no se
meescapa ningún rumor.
Remove