Not a member?     Existing members login below:

La de Bringas

El médico vino al fin. Cándida, no quiso dejarle de la mano hasta entrarcon él en la
casa. Era un viejo afable, de la escuela antigua, excelentediagnosticador, tímido para
prescribir, y según se decía, pocoafortunado. Enterándose de los antecedentes del
caso, calificó el mal decongestión retiniana.
«De la retina—apoyó Cándida—. Eso pasa. Pronto recobrará la vista;pero ese
trabajo de los pelos, amiguito, delo usted por terminado».
—Si yo lo decía, si yo lo anunciaba—exclamó briosamente la Bringas,reanimada
con las esperanzas que daba el médico—. ¿Y ahora...?
El doctor prescribió reposo absoluto, dieta, y para el día próximo underivativo.
Ordenó también un vendaje negro, un calmante ligero para encaso de insomnio, y
ofreció venir temprano a la mañana siguiente paraexaminar con detención los ojos del
enfermo. Era ya tarde, y la últimaluz solar se retiraba lúgubremente de la habitación.
Cuando el bondadosoanciano se retiró, Bringas y su mujer estaban más animados.
«Nada, hijos míos, no hay que apurarse—les dijo Cándida, cuya útiloficiosidad a
entrambos servía de gran consuelo—. Ahora acostarse... ydormir si se puede. Nada de
miedo, ni de pensar en lo que no ha de ser.Serenidad y un poquito de paciencia. Es
cuestión de horas o de un par dedías todo lo más. Yo me encargo de traer las
medicinas y cuanto hagafalta. Les acompañaré también toda la noche, si fuere
preciso...».
Cuando la servicial señora volvió de la botica, ya Rosalía habíaacostado a su
marido, después de vendarle con un gran pedazo de tafetánnegro. Como todo ciego
incipiente, Bringas afectaba no necesitar deextraña ayuda para desnudarse, y
conociendo la tribulación de su mujer,tenía el heroísmo de reanimarla con
expresiones cariñosas, como si élfuera el sano y ella la enferma.
«Probablemente esto pasará... Pero es cargante. Ni en broma megusta esto de no
ver. Tranquilízate, que yo lo llevaré con paciencia, ycasi casi principio ya a
acostumbrarme... Me alegraré mucho de no tenerque llamar a un oculista, pues estos,
aunque curen, siempre cuestan unojo de la cara».
Pasó la noche sin suceso alguno notable; Bringas harto inquieto, conagudísimo
dolor cefalálgico y en los ojos, Rosalía en vela, compartiendosu cuidado y vigilancia
entre el marido ciego y la niña epiléptica, quefue acometida de pesadillas más
alarmantes que las de ordinario, pueslas escenas de aquella tarde la excitaron
vivísimamente. Por dicha detodos, Candidita acompañó a su atribulada amiga la
noche entera,consolándola con su sola presencia y prestándole auxilios muy
eficaces.Era muy propia para casos tales y sabía mil cosillas útiles de
medicinadoméstica. A lo más difícil encontraba pronta solución; jamás seacobardaba,
ni sus baqueteados huesos conocían el cansancio.
Remove