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La de Bringas

proporcionar a usted en tanta abundancia esos rayos deluna que le hacen falta... Con
este añadido (Sacando uno largo ycopioso.) no llorará usted por canas...
Tomó Bringas el blanco mechón, y juntándolo a los demás, oprimiolo todocontra su
pecho con espasmo de artista. Tenía, ¡oh dicha!, oro de dostonos, nítida y reluciente
plata, ébano y aquel castaño sienoso yromántico que había de ser la nota dominante.
«Lo que sí espero de la rectitud de usted—dijo Carolina, disimulando
ladesconfianza con la cortesía—, es que por ningún caso introduzca en laobra cabello
que no sea nuestro. Todo se ha de hacer con pelo de lafamilia».
—Señora, ¡por los clavos de Cristo!... ¿Me cree usted capaz deadulterar...?
—No... no, si no digo... Es que los artistas, cuando se dejan llevar dela inspiración
(Riendo.) pierden toda idea de moralidad, y con tal delograr un efecto...
—¡Carolina!...
Salió de la casa el buen amigo, febril y tembliqueante. Tenía laenfermedad
epiléptica de la gestación artística. La obra, reciénencarnada en su mente, anunciaba
ya con íntimos rebullicios que era unser vivo, y se desarrollaba potentísima
oprimiendo las paredes delcerebro y excitando los pares nerviosos, que llevaban
inexplicablessensaciones de ahogo a la respiración, a la epidermis hormiguilla, a
lasextremidades desasosiego, y al ser todo impaciencia, temores, no sé quémás... Al
mismo tiempo su fantasía se regalaba de antemano con la imagende la obra,
figurándosela ya parida y palpitante, completa, acabada, conla forma del molde en
que estuviera. Otras veces veíala nacer porpartes, asomando ahora un miembro, luego
otro, hasta que toda enteraaparecía en el reino de la luz. Veía mi enfermo idealista el
cenotafiode entremezclados órdenes de arquitectura, el ángel llorón, el
saucecompungido con sus ramas colgantes, como babas que se le caen al cielo,las
flores que por todas partes esmaltaban el piso, los términos lejanoscon toda aquella
tristeza lacustre y lunática... Interrumpiendo estahermosa visión de la obra non-nata,
llameaban en el cerebro delartista, al modo de fuegos fatuos (natural complemento de
una cosa tanfuneraria), ciertas ideas atañederas al presupuesto de la obra. Bringaslas
acariciaba, prestándoles aquella atención de hombre práctico que noexcluía en él las
desazones espasmódicas de la creación genial. Contandomentalmente, decía:
III
«Goma laca: dos reales y medio. A todo tirar gastaré cinco reales...Unas tenacillas
de florista, pues las que tengo son un poco gruesas:tres reales. Un cristal bien
limpio:real y medio. Cuatro docenas depistilos muy menudos, a no ser que pueda
hacerlos de pelo, que lo he deintentar: dos y medio. Total: quince reales. Luego viene
lo máscostoso, que es el cristal convexo y el marco; pero pienso utilizar eldel perrito
 
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