Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

La de Bringas

—¡Ave María Purísima!
—Podía darse el caso... Olvidé decirle a usted que, empeñando tres ocuatro cosillas,
podré reunir cuatro mil reales. Sólo necesito seis.
—Imposible de toda imposibilidad.
—Ese Torres...—murmuró Milagros con la boca tan seca, que la lengua sele pegaba
al paladar.
—¡Jesús! ¡Torres!... ¡qué disparate!...—exclamó Rosalía viendo alzarseante ella,
como una aparición fantástica, la imagen de su acreedor—. Nosé si he dicho a usted
que mañana antes de las doce... ¡Ay!, fue unalocura la compra de aquella manteleta.
Ya ve usted... ¿qué necesidadtenía yo de estos ahogos?
—Es una bicoca, hija—manifestó la marquesa con aquel tono y aire desuperioridad
indulgente que sabía tomar cuando le convenía—. Si salgode mi conflicto, esa futesa
por que usted se apura tanto, corre de micuenta. (Acercándose más a su amiga y
oprimiéndole el brazo.) DonFrancisco debe de tener mucho parné guardado, dinero
improductivo,onza sobre onza, a estilo de paleto. ¡Qué atraso tan grande!Así está el
país como está, porque el capital no circula, porque todo elmetálico está en las arcas,
sin beneficio para nadie, ni para el que loposee. D. Francisco es de los que piensan
que el dinero debe criartelarañas. En esto su apreciable marido de usted es como los
lugareñosricos. ¿Por qué no le propone usted una cosa? Que me preste lo
quenecesito... se entiende, con el interés debido, y mediante unaobligación formal.
¡Yo no quiero...!
—Dudo yo que Bringas...
(Con calor.) Pues hija, alguna influencia ha de tener usted sobreél... Pues no
faltaba más. ¿Es usted tonta? Con decirle: «hombre, poramor de Dios, ese dinero no
nos produce nada». Y duro, duro, para queaprenda. ¿O es que no tenemos carácter...?
Yo creí que él le consultabaa usted todo, y se dejaba dominar por quien le gana en
inteligencia ygobierno... A ver, decídase a proponérselo. Lo dicho dicho: en caso
deque nos arreglemos, el piquillo de usted corre de mi cuenta. (Riendo.)Lo
consideraremos como corretaje.
—Dudo yo que mi marido... ¡Quia, imposible..!
Pero, aun creyendo imposible lo que se le había ocurrido a su ingeniosaamiga,
Rosalía meditaba sobre ello. La misma dificultad insuperable delasunto atraía su
espíritu, como los grandes problemas embelesan yfascinan los entendimientos
superiores. Durante un rato no seoyó en Gasparini más ruido que los suspiros de la
Pipaón y algunastosecillas de la marquesa, que no tenía sus bronquios en el
mejorestado. Como las dos amigas estaban solas en la casa, pues Bringas nohabía
Remove