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La de Bringas

—Ahora mismo lo verá usted—dijo la mamá abriendo, no sin emoción, unacajita
que había sido de dulces, y era ya depósito azul y rosa defúnebres memorias—. Vea
usted qué trenza... es de un castañohermosísimo.
—¡Oh!, sí, ¡soberbio!—profirió Bringas temblando de gozo—. Pero noshacía falta
un poco de rubio.
—¿Rubio?... Yo tengo de todos colores. Vea usted estos rizosde mi Arturín que se
me murió a los tres años.
—Delicioso tono. Es oro puro... ¿Y este rubio claro?
—¡Ah!, la cabellera de Joaquín. Se la cortamos a los diez años. ¡Quélástima!
Parecía una pintura. Fue un dolor meter la tijera en aquellacabeza incomparable...
pero el médico no quiso transigir. Joaquín estabaconvaleciente de un tabardillo, y su
cara ahilada apenas se veía dentrode aquel sol de pelos.
—Bien, bien; tenemos castaño y dos tonos de rubio. Para entonar novendría mal un
poco de negro...
—Utilizaremos el pelo de Rosa. Hija, tráeme uno de tus añadidos.
D. Francisco tomó, no ya entusiasmado, sino extático, la guedeja que sele ofreció.
«Ahora...—dijo algo balbuciente—. Porque verá usted, Carolina... tengouna idea...
la estoy viendo. Es un cenotafio en campo funeral, consauces, muchas flores... Es de
noche».
—¿De noche?
—Quiero decir, que para dar melancolía al paisaje del fondo, convieneponerlo todo
en cierta penumbra... Habrá agua, allá, allá, muy lejos,una superficie tranquiiiila, un
bruñido espeeeejo... ¿me comprendeusted?...
—¿Qué es ello?, ¿agua, cristal...?
—Un lago, señora, una, especie de bahía. Fíjese usted: lossauces extienden las
ramas así... como si gotearan. Por entre el follajese alcanza a ver el disco de la luna,
cuya luz pálida platea las cumbresde los cerros lejanos, y produce un temblorcito...
¿está usted?, untemblorcito sobre la superficie...
—¡Oh!, sí... del agua. Comprendido, comprendido. ¡Lo que a usted se leocurre...!
—Pues bien, señora, para este bonito efecto me harían falta algunascanas.
—¡Jesús!, ¡canas!... Me río tontamente del apuro de usted por una cosaque tenemos
tan de sobra... Vea usted mi cosecha, Sr. D. Francisco. Noquisiera yo poder
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