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La de Bringas

estudio; látigos y bastones en tal número que habría para ponertienda de ello; la cama
deshecha, porque se había levantado a las seisde la tarde... Por allí andaba cojeando,
con las botas rotas, pidiendode comer y atisbando los dulces y fiambres que traían,
para abalanzarsea ellos como un hambriento... Gustavo ya es otra cosa. ¡Qué
formalito yqué bien educado! Allí andaba discutiendo con los hombres y
echandomucha palabra retumbante... Se me figura un muñeco de Scropp con
sufraquito sietemesino, y cuando habla, lo mismo que cuando anda, pareceque le han
dado cuerda con una llave... María es la que se está poniendohermosísima. La
marquesa no la presenta aún para que no la envejezca, yda dolor ver aquella mujercita
tan desarrollada ya... no creas, tienemás delantera que su mamá... da dolor verla
metida allá dentrojugando con las muñecas, enredando con las criadas o copiando
temas delfrancés. Bastante tenía que hacer la pobre esta noche con vigilar alhermanito
para que no metiese sus manos sucias en todo y no sobase losdulces y no lamiera los
helados... Yo tomé una yema que apestaba aaceite de hígado de bacalao, y de fijo
anduvieron por allí los dedos deLeopoldito.
»(Indignada otra vez.) Pero el marqués... ¡vaya un apunte! Quien leoye y no le
conoce, cree que es el hombre más juicioso del mundo. Nohabla más que del Senado
y de las cosas que ha dicho o va a decir allí.¡Qué pico de oro! Él arreglaría todos los
asuntos de España si ledejaran... Pero como no le dejan, eso se pierde el país. Según
dice, lascomisiones le absorben todo el tiempo... Dictamen acá, dictamen allá...Me ha
dicho Milagros que de algunos meses a esta parte se dedica a lascriadas, y que no
puede entrar en la casa ninguna que no sea un espantode fea. En fin, que el marqués,
bajo aquella capita de caballero, es unasentina. A mí no me puede ver, porque le
suelto cada indirecta... Es queme da asco, y la pobre Milagros me causa mucha pena.
¡Pobre mujer, pobremártir! Figúrate que su mariducho, como ella dice, la tiene
siempre ala cuarta pregunta, y la infeliz pasa la pena negra para salir adelantecon el
gasto de la casa. Así, no extraño que la pobrecita haya tenidoalgunas distracciones...
No soy yo quien lo dice; lo dicenotros, y aunque lo repito en confianza, no significa
esto que lo crea,porque a saber si...».
D. Francisco, dormido ya profundamente, estaba tan distante de todasaquellas
miserias que su mujer contaba como lo está el Cielo de laTierra.
XV
No versaban todas las confidencias sobre el mismo tema; que la fértilimaginación
de Rosalía buscaba instintivamente la variedad en aquellasnocturnas raciones de
jarabe de pico con que arrullaba a su buen esposo.Atenta a sostener siempre el papel
que representaba y que desde algúntiempo exigía de ella mucho esmero, por apartarse
cada día más de laexpresión sincera de su carácter, mostrábase disgustada de cosas
que enrealidad le producían más agrado que pena, verbi gratia:
 
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