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La de Bringas

modestia, que más tenía de necesidad que de virtud,fue sometida a una prueba de la
que no salió victoriosa. En otro tiempo,la prudencia de Thiers pudo poner un freno a
los apetitos de lujo,haciéndonos creer a todos que no existían, cuando lo únicopositivo
en esto era la imposibilidad de satisfacerlos. Es el incidenteprimordial de la historia
humana, y el caso eterno, el caso de los casosen orden de fragilidad. Mientras no se
probó la fruta, prohibida poraquel Dios doméstico, todo marchaba muy bien. Pero la
manzana fuemordida, sin que el Demonio tomara aquí forma de serpiente ni de
otroanimal ruin, y adiós mi modestia. Después de haber estrenado tantos ytan
hermosos trajes, ¿cómo resignarse a volver a los trapitos antiguos ya no variar nunca
de moda? Esto no podía ser. Aquel bendito Agustínhabía sido, generosamente y sin
pensarlo, el corruptor de su prima;había sido la serpiente de buena fe que le metió en
la cabeza las máspeligrosas vanidades que pueden ahuecar el cerebro de una mujer.
Losregalitos fueron la fruta cuya dulzura le quitó la inocencia, y porculpa de ellos un
ángel con espada de raso me la echó de aquel paraísoen que su Bringas la tenía tan
sujeta. Nada, nada... cuesta trabajocreer que aquello de Doña Eva sea tan remoto.
Digan lo que quieran,debió pasar ayer, según está de fresquito y palpitante el tal
suceso.Parece que lo han traído los periódicos de anoche.
Como Bringas reprobaba que su mujer variase de vestidos y gastase engalas y
adornos, ella afectaba despreciar las novedades; pero acencerros tapados estaba
siempre haciendo reformas, combinandotrapos e interpretando más o menos
libremente lo que traían losfigurines. Cuando Milagros iba a pasar un rato con ella, si
Bringasestaba en la oficina, charlaban a sus anchas, desahogando cada cual a sumodo
la pasión que a entrambas dominaba.
X
Pero si el santo varón estaba en su hueco de ventana, zambullido en elmicrocosmos
de la obra de pelo, las dos damas se encerraban en el Camón,y allí se despachaban a
su gusto sin testigos. Tiraba Rosalía de loscajones de la cómoda suavemente para no
hacer ruido; sacaba faldas,cuerpos pendientes de reforma, pedazos de tela cortada o
por cortar,tiras de terciopelo y seda; y poniéndolo todo sobre un sofá, sobresillas,
baúles o en el suelo si era necesario; empezaba un febrilconsejo sobre lo que se debía
hacer para lograr el efecto mejor y másllamativo dentro de la distinción. Estos
consejos no tenían término, ysi se tomara acta de ellos, ofrecerían un curioso registro
enciclopédicode esta pasión mujeril que hace en el mundo más estragos quelas
revoluciones. Las dos hablaban en voz baja para que no se enteraseBringas, y era su
cuchicheo rápido, ahogado, vehemente, a vecesindicando indecisión y sobresalto, a
veces el entusiasmo de una ideafeliz. Los términos franceses que matizaban este
coloquio se despegabandel tejido de nuestra lengua; pero aunque sea clavándolos con
alfileres,los he de sujetar para que el exótico idioma de los trapos no pierda
sugenialidad castiza.
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