Not a member?     Existing members login below:

La de Bringas

Pero lo más bonito era quizás el sauce, ese arbolito sentimentalque de antiguo
nombran llorón, y que desde la llegada de la Retóricaal mundo viene teniendo una
participación más o menos criminal en todaelegía que se comete. Su ondulado tronco
elevábase junto al cenotafio, yde las altas esparcidas ramas caía la lluvia, de hojitas
tenues,desmayadas, agonizantes. Daban ganas de hacerle oler algún fuertealcaloide
para que se despabilase y volviera en sí de su poéticosíncope. El tal sauce era
irremplazable en una época en que aún no sehacía leña de los árboles del
romanticismo. El suelo estaba sembrado degraciosas plantas y flores, que se erguían
sobre tallos de diversostamaños. Había margaritas, pensamientos, pasionarias,
girasoles, liriosy tulipanes enormes, todos respetuosamente inclinados en señal
detristeza... El fondo o perspectiva consistía en el progresivoalejamiento de otros
sauces de menos talla, que se iban a llorar a mocoy baba camino del horizonte. Más
allá veíanse suaves contornos demontañas, que ondulaban cayéndose como si
estuvieran bebidas; luegohabía un poco de mar, otro poco de río, el confuso perfil de
una ciudadcon góticas torres y almenas; y arriba, en el espacio destinado alcielo, una
oblea que debía de ser la Luna a juzgar por los blancosreflejos de ella que esmaltaban
las aguas y los montes.
El color de esta bella obra de arte era castaño, negro y rubio. Lagradación del
oscuro al claro servía para producir ilusiones deperspectiva aérea. Estaba encerrada en
un óvalo que podría tener mediavara en su diámetro mayor, y el aspecto de ella no era
de mancha sino dedibujo, hallándose expresado todo por medio de trazos o puntos.
¿Eratalla dulce, agua fuerte, plancha de acero, boj o pacienzuda obraejecutada a punta
de lápiz duro o con pluma a la tinta china?... Reparaden lo nimio, escrupuloso y firme
de tan difícil trabajo. Las hojas delsauce se podrían contar una por una. El artista
había querido expresarel conjunto, no por el conjunto mismo sino por la suma de
pormenores,copiando indoctamente a la Naturaleza; y para obtener el follaje, tuvola
santa calma de calzarse las hojitas todas una después de otra.Habíalas tan diminutas,
que no se podían ver sino con microscopio. Todoel claro-oscuro del sepulcro consistía
en menudos órdenes de bienagrupadas líneas, formando peine y enrejados más o
menos ligeros segúnla diferente intensidad de los valores. En el modelado del
angelotehabía tintas tan delicadas, que sólo se formaban de una nebulosa depuntos
pequeñísimos. Parecía que había caído arenilla sobre el fondoblanco. Los tales
puntos, imitando el estilo de la talla dulce, seespesaban en los oscuros, se rarificaban
y desvanecían en los claros,dando de sí, con esta alterna y bien distribuida masa, la
ilusión delrelieve... Era, en fin, el tal cenotafio un trabajo de pelo o enpelo, género de
arte que tuvo cierta boga, y su autor D. FranciscoBringas demostraba en él habilidad
benedictina, una limpieza de manos yuna seguridad de vista que rayaban en lo
maravilloso, si no un poquitomás allá.
II
Remove