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La de Bringas

asomar la narizen Bayona y en Biarritz sin que me vea acosado por las señoras de alta
ymedia categoría, pidiendo la consabida tarjeta o volantitopara el primo de Irún... Las
más de las veces no puedo negarlo... Estáya en nuestras costumbres y parece una
quijotería el mirar por la Renta.Es genuinamente español esto de ver en el Estado el
ladrón legal, elladrón permanente, el ladrón histórico... Entre otros adagios de
inmoralfilosofía, hay aquel de tiene cien años de perdón, etcétera... Es mitema; esto
es un país perdido... Y vaya usted a echársela de moralista.El año pasado, una
marquesa bastante acomodada, a quien no quisefacilitar el paso de un cargamento de
vestidos, por poco me saca losojos. Se puso hecha una leona y clamaba por la
revolución y losdemagogos. Una duquesa, demasiado lista, se dio el gusto de pasar,
enmis barbas y en las barbas del primo de Irún... ¡pásmese usted!...¡cincuenta y cuatro
baúles llenos de novedades!».
Dicho esto, retirose, y al día siguiente volvió para despedirse, puesaquella misma
tarde se marchaba. Un ratito pudo hablar a solas conRosalía, y se mostró tan llagado
del corazón y tan herido de punta dedespecho amoroso, que la honesta señora no pudo
menos de compadecerle,sintiendo al propio tiempo dos clases de vanidad; la del
triunfo de suvirtud y la no menos grande de ser objeto de pasión tan
formidable.Grandes debían de ser su mérito y su belleza cuando se postraba anteella,
como un chicuelo, varón tan serio y sosegado, cuandohombres de aquel temple se
chiflaban ante ella y habrían comprado consu vida (textual) cualquier favorcillo.
Milagros no salió hasta el 29. ¡Cuántas ocupaciones tuvo aquellosúltimos días, y
qué angustias pasaba para preparar su viaje!
«Queridísima amiga—dijo Rosalía, a solas con ella en el Camón—, ustedme ha de
dispensar que no le entregue, antes de irme, aquel resto quefalta. Supongo que podrá
usted esperar unos días. Al apoderado de casadejo encargo de poner en sus manos esa
cantidad el 5 o el 6 del próximo,pues para entonces ha de cobrar ciertas cantidades de
unos censos deZafra. Descuide usted, que no le faltará. Es lo primero que he puesto
enla lista de encargos que dejo a Enríquez, y para que no se le olvide,siempre que le
veo machaco en lo mismo. «Cuidado cómo deja usted deentregar... cuidado,
Enríquez... El pico de mi amiga es lo primero».
Muy mal le supo a esta tal dilación; pero como la promesa parecía tansolemne y no
era mucho esperar al 5 de Agosto, hubo de tranquilizarse.Su amiga prosiguió
aturdiéndola con su estrepitoso cariño y perjurandoque le había de traer de Francia
mil regalitos de altísima novedad.«Supongo que allí tropezaremos con Pez, para que
nos libre del mareo dela Aduana, que es insoportable con aquellos empleados tan
ordinarios.Si se les deja, capaces son de abrir todos los baúles... y yollevo la friolera
de catorce. De allá siempre traigo tres o cuatro más.No puede usted figurarse cómo
estoy de rendida con el trabajo de estosdías. Mi maridillo no me ayuda nada. Todo se
lo han de dar hecho. Esteaño ni siquiera se ha tomado la molestia de pedir los billetes
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