pequeño jardín y la lámina verdosa de las fuentesmudas, hemos
pensado con pena que quizá el noble anciano no viera en lacaída
de las hojas sólo la aproximación del invierno.
Algunos críticos opinan que su labor literaria no ha sido muy
completa.Lo más interesante ha sido su vida, una de esas vidas
antiguas yfecundas de soldado leal y valeroso, caballero de
clásica hidalguíaespañola, erudito y poeta como aquellos
capitanes de la Conquista, quede día vivían en poema épico, y
en el encanto de las noches tropicalesrimaban las nostalgias de
la patria o ardientes serventesios a los ojosde las limeñas.
Era una figura de otra edad. Una silueta de aquel buen tiempo
de lasmelenas románticas, en que los poetas constituían la
verdadera y lógicaaristocracia; aquel buen tiempo en que había
duelos pintorescos junto alas tapias de los camposantos por la
belleza de un soneto, en que elromanticismo era como un vino
generoso y locuaz que hacía soñar a todaslas cabezas aun en un
ambiente tan antiestético como el de la política.
Aquel buen tiempo de los poetas, porque se estimaba que
cantar es la másbella expresión del alma humana.
UN pintor bohemio rugía en una noche memorable, mientras
el frío secolaba entre sus andrajos y el hambre bailaba en su
cabeza descoyuntadadanzas absurdas.
—Debiéramos desenterrar y quemar los restos de Murger.
