En la masa negra e inerte quedaron al descubierto las blancas
medias deseductora redondez, estremeciéndose con el último
estertor.
Teulaí, tranquilo como hombre que a nadie teme y cuenta en
últimotérmino con un refugio en la montaña, volvió al inmediato
pueblo enbusca de su sobrino, satisfecho de su hazaña.
Al tomar al pequeñuelo de manos de la aterrada vieja, casi
lloró.
—¡Pobret! ¡pobret meu!—dijo besándole.
Y su conciencia de tío inundábase de satisfacción, seguro de
haber hechopor el pequeño una gran cosa.
———
Siempre que los nietos del tío Rabosa se encontraban con los
hijos dela viuda de Casporra en las sendas de la huerta o en las
calles deCampanar, todo el vecindario comentaba el suceso. ¡Se
habían mirado!...¡Se insultaban con el gesto!... Aquello acabaría
mal, y el día menospensado el pueblo sufriría un nuevo disgusto.
El alcalde con los vecinos más notables predicaban paz a los
mocetonesde las dos familias enemigas, y allá iba el cura, un
