rico, tan lleno, que siguiera.
No solo la definición de intimidad afecta el uso del condón, sino el deseo de hijos de los “cacheros”.
Como hemos visto, la mayoría son padres de familia y han tenido los hijos desde muy jóvenes. Muchos
quieren seguir teniendo más hijos, ya sea porque les gusta o por demostrar su hombría. Gerardo tiene
cuatro y aún quiere más: “A mí me gusta ser papá, no uso el condón porque quiero más niños”.
Otro factor tiene que ver con la falta de solidaridad entre ellos. Los “cacheros” conforman una minoría
que establece pocos lazos de comunicación entre sí y más bien se miran como competencia. Cerebrón
se queja que muchos de ellos cobran “cualquier cochinada”, lo que hace bajar los precios a los demás:
“Yo le reclamé a Emilio que cómo es que se fue a dejar penetrar por dos mil colones? ¡No sea tonto!,
le dije, ¿no ve que los clientes se nos montan?” Lo mismo sucede con el condón: “Vea, nos dice Hugo,
yo trato de usar el condón siempre, ¿pero qué podemos hacer si viene ese carajillo de diecisiete años y
por quinientos pesos más no lo usa?”. Mono así lo mira también: “Los muchachos más jóvenes son los
más apetecidos, los más inconscientes y los más desesperados por la plata. Ellos son los que hacen de
todo sin condón”.
La compartimentalización es otra razón de la falta de uso del condón. Los “cacheros” viven en mundos
diferentes con poca conexión entre sí. En Costa Rica, existen dos campañas paralelas de prevención
del sida. La oficial, dirigida a la población heterosexual, enfatiza la fidelidad y la monogamia como
formas de prevención. La no oficial, desarrollada por el ILPES, pone énfasis en el uso del preservativo
y está más dirigida a la comunidad gay. Los “cacheros” no tienen una campaña diseñada para ellos
como bisexuales y como trabajadores del sexo. Ninguna de las dos ha intentado regular la pornografía.
para integrar en ella el mensaje del sexo seguro. En vista de su ilegalidad en el país, ésta no se ha
adaptado a la realidad del sida o si lo ha hecho, no es la que miran los muchachos. Posiblemente
muchas de estas películas son de décadas anteriores al sida y no incluyen el uso del condón.
En vez de asimilar el mensaje de usar el condón siempre, con hombres o mujeres, ellos combinan el de
las dos campañas. Esto quiere decir que aceptan, en teoría, usar el condón en sus relaciones
homosexuales y no usarlo en las heterosexuales. De esta manera, compartamentalizan la prevención de
la misma manera en que lo hacen con su vida sexual. Mario, por ejemplo, dice usar e l condón con los
hombres pero “con mi mujer soy fiel ya que creo que ésta es la mejor manera de protegernos los dos”.
Carlos hace lo mismo: “Yo le soy fiel a mi novia. El condón es para los clientes”.
Lila soñaba por muchos años con la promesa del cliente dominicano que le prestaría dinero para
comprar una mejor casa. Las razones por las que él quería ayudarlo, nunca estuvieron claras. Tampoco
sabemos los detalles de la relación de estos personajes: “El me aprecia y quiere hacerme un favor. Aquí
ha tenido buen tiempo con los muchachos que yo le he presentado”, nos explica. Un cliente nos dice
que éste amigo le tiene “lástima” al dueño. El cree que merece algo mejor y que de contar con una casa
limpia y agradable, la madame saldría de su pobreza. Algunos rumoran que el dominicano fue un
muchacho de la calle. “El tipo es un hombre guapo. Debió haber sido un cromo (bello como una postal)