Sin embargo, otros entendieron el mensaje. Mono confiesa que al principio le molestó la alegoría, pero
que después “empecé a ver que sí, que ésto podría ser un negocio como cualquier otro, que es una
cuestión de moda o de tradición”. Jonás, que es menos religioso, también comprendió el mensaje:
“Claro, yo no sé por qué la gente hace tanto alboroto por un sobo y no dice nada cuando los políticos
se roban todo un banco como el Anglo”. Ernesto reaccionó así: “La religión y la moral es pura mierda.
Uno es pobre y nadie le ayuda para nada. Yo no sé por qué tener vergüenza de darle placer a un
cliente si a nadie le debe importar y uno no está robándole nada a nadie. ¿Cuántos políticos se han
hecho ricos estafando al pueblo? Lo hacen y todo el mundo les besa el trasero después. Vea usted a
Calderón quedándose donde un narco en México y nadie lo condena como a nosotros que lo pe or que
hacemos es complacer a gente que nadie quiere”. Lila es más elocuente: “Me parece muy bien este
ejercicio porque yo siempre he pensado que no hay nada más corrupto que la Iglesia y la que menos
debiera abrir la jeta para condenar a nadie que trabaja. ¿Qué le importa a ese montón de travestis de
negro que la gente disfrute del sexo? ¿Por qué no venden la mansión en Rohmorser y le dan la plata a
los pobres?”.
Finalmente, uno de ellos perdió del todo el contenido de la alegoría: “Claro, nos dice Carlos, yo sabía
desde el principio que Dios había condenado a las peluqueras que son, de por sí, todas locas. Seguro
que por chismosas y culecas es que las condenan al infierno. Yo por eso voy donde un barbero, jamás
a una de esas locas unisex”.
Los entrevistados tienen un buen conocimiento del sida. Todos conocen las formas principales de
transmisión y de prevención. En las primeras entrevistas, todos afirman usar siempre el condón para el
sexo con penetración. No obstante, existe también información que no es del todo correcta. Algunos de
ellos, como Augusto, creen que no tienen riesgo de infectarse si son activos en la penetración anal. Luis
cree que no tiene ningún riesgo porque no eyacula en los clientes. Otros confían en que el sexo oral no
tiene ningún riesgo de contagio. A pesar de que casi todos practican el sexo oral con cientos de
clientes, ninguno mencionó usar el condón para ésto. Otras ideas falsas son las de Cerebrón quien cree
que el peligro de contagio se da cuando se deja penetrar por penes pequeños “que lo rompen a uno
todo. Cuando la verga es grande, entra sin romper y no hace sangrar el esfínter”. Pocos de ellos usan
lubricante, ni saben de la posibilidad mayor que tiene el condón de romperse cuando no se usa, o se
ponen saliva o jaleas de aceite. El mismo Cerebrón admite que los condones suelen romperse. Cuando
le preguntamos por qué, nos dice que “es que mi picha es muy grande y gruesa. No es fácil encontrar
un condón que la sostenga”. Sin embargo, cuando indagamos si es que usa lubricante a base de agua
para facilitar la penetración, su respuesta fue negativa. Mucho menos saben ellos que algunas marcas de
condón no son ideales para el sexo anal y que suelen romperse fácilmente. Ellos usan los condones que
traen los clientes o los que el dueño les da, sin tener conocimiento de las diferencias de calidad. Los
muchachos tienen ideas falsas también de la protección que puede darles limpiarse con jabón los
genitales o echarse un poco de alcohol después del acto. Aunque estos cuidados no hacen daño (con la
excepción de ponerle Sanipine, un desinfectante, al lubricante para contrarrestar el mal olor), tampoco
protegen contra el virus del sida.