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Gatsby
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No solo las relaciones sociales y las prácticas varían, sino la misma temporalidad. Algunos “cacheros”
se mantienen en la prostitución por más años de lo planeado. Las demandas del hogar que crecen con
los años los van atando a la vida homosexual. Mono no ha podido renunciar a sus relaciones con los
hombres a pesar de considerarse “un veterano”. Luis se ha acostumbrado a los ingresos de la
prostitución como salario complementario. La necesidad de mandar a los niños a la escuela “me
impiden dejar esta vida”.
LAS NUEVAS DEMANDAS
Los muchachos están muy conscientes de la realidad del sida. Cuando se les preguntó las formas de
contagio y transmisión, todos pudieron señalar el sexo anal sin condón como la forma más peligrosa.
También muestran sofisticación al señalar la falta de consenso acerca de la peligrosidad del sexo oral y
de la pasividad versus la actividad en el sexo anal. En teoría, la gran mayoría dice usar el condón
siempre. Esta conciencia de la enfermedad es compartida por los clientes que han cambiado “sus
gustos”, como dice Noé. El cambio de gustos significa que el sexo anal activo no está en gran demanda
y que la mayoría de los clientes solo quiere “que se la soben”, según Arnoldo.
Uno de los impactos del sida ha sido, pues, la homogenización en la práctica sexual entre el “cachero” y
el cliente. No es posible ahora decir con tanta seguridad quién es activo o pasivo cuando se trata de una
masturbación mutua. “Antes el “cachero”, nos dice Noé, era quie n penetraba a un playo pero ahora...
no sé... no te podría decir que es el que se la soba a un playo porque no es lo mismo...” Al asemejarse
la práctica, los “cacheros” sienten que su papel de activos se evapora: “Es que a mí me gusta penetrar
pero casi no lo hago aquí porque me da miedo contagiar a mi mujer”, opina Marco. “La verdad es que
ya uno no sabe quién es activo o pasivo”, concluye él.
Aunque la demanda en el prostíbulo por el sexo anal pasivo haya disminuido, muchos clientes han
incrementado el activo (por la creencia que es más seguro), o tratan de sacarlos del prostíbulo “para
que uno esté solo con ellos”, nos dice Vernol. Esto significa que los clientes están dispuestos a
incrementar sus ofertas de dinero y sustento con tal de “tener la seguridad de que uno es fiel”, comenta
él. Estos les piden el examen del sida o que se muden a vivir con ellos con tal de “estar seguros”, dice
Tomás. Las oportunidades de lograr que un hombre mayor les pague los estudios, los mantenga, les
ofrezca casa y amistad han aumentado. José nos cuenta de su amigo Esteban quien conoció a un
americano “que se lo llevó a Miami y ahore él viene forrado en dinero y viviendo de lo mejor”. Otro es
el caso de Augusto que es mantenido por un “homosexual” que lo tiene viviendo “como un rey” con tal
que solo tenga sexo con él. “A mi pareja no le importa que yo me acueste con mi novia, solo con
hombres me lo prohíbe”.
La nueva demanda por las relaciones más permanentes tiene un impacto enorme en la vida de los
“cacheros”. Algunos tratan de engañar a los demás diciendo, como Alberto, que “vivo con mi tío”.
Otros mantienen sus relaciones con las mujeres para disimular que tienen amantes varones. Sin
embargo, las relaciones con hombres los saca de su comunidad, los expone a ser vistos por los demás,
los envuelve más en la vida de la comunidad gay y los convierte en “homosexuales”, el temido estigma
para el “cacherismo”.
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