Jonás: A veces se gana y a veces se pierde.
Entrevistador 2: ¿Lo consideras un vicio?
Jonás: Sí, para mí es un vicio.
Entrevistador 2: Si vos un día no jugás, ¿qué sentís?
Jonás: Me hace falta y yo busco la plata a como pueda.
El mismo dueño de la casa recono ce que la droga es la que incide en homosexualizar a muchos
hombres heterosexuales:
Ahora, hay otra cosa que la sociedad nunca ha querido mascar, la sociedad no
se da cuenta que las drogas hacen que los hombres se apunten, por más
machos que sean, estos hombres por estar drogados aceptan al
homosexual...es que con un poco de licor y luego droga, al hombre no le
importa si se va con un hombre o con una mujer…
El dinero y la droga hace que los entrevistados cambien las reglas del juego del discurso del
“cacherismo”. Noé reconoce que por la droga ha “puesto el culo” y ha vivido con un hombre. Lo
mismo admite Augusto que confiesa que “tanto necesito el bombazo que hago lo que sea, inclusive
lamer y dejarme hacer el amor por un maje”. Arnoldo dice que él no ha llegado a eso pero sabe que
“muchos de ellos ponen el trasero para comprar droga”. Mono se burla de uno de sus compañeros que
se metió con un cliente a quien solo le gusta penetrar y salió con “diez mil colones que no pudo haberlos
ganado si no fue dejándose penetrar”.
Algunos llegan a establecer relaciones con los gays con tal de vivir mejor o comprar la droga. Tomás
nos dice que él se fue a vivir con un hombre con tal de que le diera los lujos que él deseaba. “La gente
ha empezado a llamarme playo y a decir que me hice loca pero como ellos no me mantienen a mí ya no
me importa”. La misma crisis la siente Rodrigo: “Quiero dejar de ser pobre y tener lo que quiero. Si
viene un tipo que me lo de, estoy dispuesto a irme a vivir con él”.
La necesidad de dinero y droga, por su parte, cambia la geografía sexual del “cacherismo” y su
temporalidad. Algunos de los ellos empiezan a laborar en saunas gays para ganar más dinero; otros
suelen ir a ligar a parques y hasta bares gays. Otros establecen relaciones más duraderas con hombres y
llegan incluso a divorciarse y abandonar a sus hijos. Hugo admite que se ha convertido “más femenino
por la necesidad de la droga y con el fin de pescar más tipos”. José reconoce que se ha convertido en
“un puto viejo y aún ejerzo la prostitución”.
En teoría, los “cacheros” dejarán su profesión cuando se casen y tengan su familia. Sin embargo, la
paternidad temprana es más bien un factor que incide en que los “cacheros” continúen en la prostitución
y que busquen cada vez más medios de contacto con el mundo homosexual. La necesidad de aparentar
ser macho y el deseo de cumplir con los requisitos de la reproducción, irónicamente lleva a los
“cacheros” a imbuirse más en la vida gay. Aunque la mayoría de ellos no ha llegado a los veinte años,
ya tienen hijos que alimentar. Marco tiene 17 años de edad y ya ha procreado una niña de cuatro